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El mensaje de Jesús de Nazaret era sencillo y simple, y se dirigía al
corazón y al entendimiento. Con Él no había ceremonias, ritos ni
teatralidad religiosa, y sus adversarios fueron los
“escribanos”, sacerdotes y teólogos de aquellos tiempos. Después de un
tiempo, éstos cambiaron su estrategia: intelectuales y teólogos
mezclaron las palabras de Jesús con las de las culturas y tradiciones imperantes del antiguo paganismo y del judaísmo. Se formó una
nueva religión mixta (así llamada “sincrética”), la religión
católica-romana, que pronto llegó a ser religión del estado. La Iglesia basó
su poder principalmente en la actuación de la jerarquía de los
sacerdotes y “escribas”, en combinación con el poder estatal. Con esto,
los adversarios de Jesús, prácticamente acapararon su mensaje y
lo desfiguraron, en vez de aniquilarlo en un enfrentamiento
abierto. Cuando hacia 1500 el fraude de la Iglesia católica-romana se ponía cada vez más
de manifiesto, la “Reforma“ luterana “salvó“ el interés fundamental de la
Iglesia: derrotar a Jesús por acaparamiento. Las dos grandes Iglesias no tienen mucho que ver
con el
cristianismo originario, siguen abusando del nombre de “Cristo” hasta hoy.
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