EL TEÓLOGO
N° 20
Elías, Amós y
Jeremías - Los profetas como
mensajeros incómodos para el
pueblo /
Profetas desde Jesús de Nazaret
Los profetas en el mundo judío y cristiano tuvieron un destino difícil. Ellos anunciaban, a los hombres, mensajes, que percibieron o perciben en el momento, en su interior. Ellos exteriormente llevaban una vida austera según los mandamientos de su Dios, por ejemplo, los conocidos diez mandamientos. Los profetas a veces han sufrido, muchas veces, largos conflictos internos, hasta que han aceptado esta tarea y pudieron creer en ella: Es el “espíritu de Dios”, que pueden oír. Y ellos le pueden servir como portavoz, es decir, como canal para su mensaje a la humanidad. Esto siempre fue una carga pesada. Y prontamente los profetas también entraban en conflicto con los sacerdotes y escribas dominantes.
Elías - ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?
Amós – La tierra no puede sufrir todas sus palabras
Jeremías – despreciado, torturado y asesinado por aquellos a quienes quería ayudar
Profetas de los últimos 2000 años
El
Cristo que regresa - ¿El peor enemigo de la iglesia?
Los siguientes ensayos sobre tres profetas del antiguo
testamento, Elías, Amós y Jeremías, son ejemplos también para los otros
profetas, como por ejemplo, Jesaja, Oseas, Daniel, Ezequiel y muchos más. El
tema “profecía” no será expuesto aquí. El autor parte de la base, que las
profecías originales de estos hombres son auténticas y que sólo aquel, cuya
conciencia esté, más o menos en consonancia con el espíritu y los mandamientos
de Dios, está en la situación de recibir realmente mensajes proféticos. Cuando
esto no es el caso, entonces decae la calidad de eventuales mensajes en relación
al comportamiento del afectado. Eventuales mensajes de un médium como éste, no
provendría entonces de la máxima conciencia, Dios. En este sentido también lo
enseñó Jesús, quién advirtió para el futuro, de diferenciar entre los verdaderos
profetas y los profetas falsos “por sus frutos” (Mateo 7, 15). También dijo:
“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero
cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no
hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere …” (Juan 16,
12-13).
Las iglesias, al contrario de esto, enseñan, que la profecía, respectivamente,
las revelaciones han terminado con Jesús en forma total, respectivamente,
mayoritariamente han finalizadas y que ahora habría comenzado la era de la
iglesia. De manera si apareciere un profeta en algún lado, la profecía debería
coincidir con el canon de la Biblia, como lo estableció la iglesia. Esto, con
otras palabras, significa: La iglesia no quiere ni necesita gente así. Ya que
para ella existe la Biblia (más al respecto, ver abajo).
Los ensayos sobre Elías, Amós y Jeremías, ya fueron publicados en 1996 en la
editorial “Wort, Bild und Ton” y aparecen nuevamente aquí, levemente corregidos.
Las citas provienen todas de los libros de la Biblia. Donde Elías de los libros
1a y 2a de Reyes, donde Amós y Jeremías de los libros homónimos.
Lea también http://www.theologe.de/sacerdotes.htm,
Arón o Coré - Como los sacerdotes lograron el poder sobre el pueblo.
Elías -“¿Hasta cuándo
claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?”
“Levántate y come, porque largo camino te resta.” Estas palabras le dice,
según el relato en el libro 1ª de Reyes, un ángel al profeta Elías, quién estaba
acostado junto a un enebro deseando morirse (19, 7). Pero su encargo profético
aún no ha terminado, y Elías fortalecido, vuelve a levantarse, para ayudar a su
pueblo Israel.
Elías vive en el siglo 9 a. C. en Israel. La gente se había apartado de su Dios,
en el cual creían hasta entonces y ahora veneran al dios “Baal”. El nombre
“Baal” está por un “dios de la fertilidad”, donde no se explica mayormente, que
modo de vida tenían en forma individual están relacionado con esto. La casa real
de Acab, donde también se veneraba a Baal, hace matar por codicia. El viñatero
Nabot es asesinado, porque no esta de acuerdo de ceder su terreno - base para la
igualdad social de las familias y estirpe - a la casa real (1era de Reyes 21).
El profeta de Dios no mata
Según la tradición bíblica, Elías, más tarde, mata a los sacerdotes de Baal, pero esto evidentemente es una falsificación histórica. Generaciones posteriores le imputaron esto, para justificar sus asesinatos con el “modelo” del profeta (ver también: Exposiciones sobre Moisés en http://www.theologe.de/sacerdotes.htm). Ya que un verdadero profeta se atiene a los diez mandamientos, y no mata. Él en cambio destapa la injusticia sin misericordia y llama a los hombres al retorno. Por esto Elías, también es perseguido y constantemente tiene que esconderse. Él también profetiza una gran hambruna que le vendrá a la humanidad, según la ley de siembra y cosecha (“Lo que el hombre sembrare, esto lo cosechará”; llamado en la teología sobre el antiguo testamento “relación acción - suceso” [„Tun-Ergehens-Zusammenhang“]. Él mismo en ese tiempo, como lo relata la Biblia, es alimentado por cuervos junto a un riachuelo. Más tarde encuentra refugio donde una viuda y su hijo.
“¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?”
En el momento álgido de la hambruna, el profeta le dice al pueblo: “¿Hasta
cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios,
seguidle; y si es Baal, id en pos de él” (1ª de Reyes 18, 21).
Las palabras del profeta tienen efecto. Después de abandonar al “dios de la
fertilidad”, como es relatado, vuelve a llover en el país, sin embargo Elías
sigue teniendo enemigos, quienes realmente no abandonan a Baal. Elías ahora huye
al desierto, ya no quiere más. Pero Dios lo llama - por la voz interior de Elías
- al monte de Sinaí.
Un poderoso huracán hace temblar a las montañas y quebrar a las rocas, pero
Elías no oye la voz de Dios. Luego un terremoto, pero nuevamente Elías no oye la
voz de Dios. Finalmente se produce un fuego, pero de nuevo ninguna noticia, que
podría entender como la voz de Dios y que podría llevar al pueblo. Después de
fuego un “silbo apacible y sosegado”, y el profeta nuevamente capta en su
interior la voz de Dios, para una nueva tarea …
(19, 11-13)
“Swing low, sweet chariot”
Al final de su vida terrenal, Elías se encuentra con Eliseo, su sucesor como
profeta (ver 2ª de Reyes 2). Ambos se encuentran junto a la orilla del río
Jordán y lo que luego sucede aquello, que cuentan los esclavos morenos de
América, en el siglo 19, en su canción: “Swing low, sweet chariot, comin` for to
carry me home.” Un “chariot” de fuego, un coche aparece, con caballos de fuego y
llevan al emisario de Dios de regreso a los “mundos celestiales”, así la canción
evangélica “comin` for to carry me home”.
Con Elías también se cierra el libro santo del judaísmo, conocido por nosotros
como el “antiguo testamento”. En sus últimas frases anuncia, que el profeta
Elías volverá o hablará alguna vez, de los últimos difíciles momentos en esta
tierra. Por esto muchas personas, en tiempos de Jesús, creen que Elías se había
encarnado en la persona de Juan el Bautista. Según las palabras de la Biblia él
“convertirá los corazones de los padres a los hijos y los corazones de los hijos
al de sus padres” para que haya paz. Y quién sabe, si no habrá hablado en
nuestros tiempos. Las burlas de los teólogos, en todo caso, las tendría
aseguradas …
Amós -
“La tierra no puede sufrir todas sus palabras”
En siglo 8 a. C. los israelitas vivían en un país dividido. El reino del sur (la tribu de Judea) y el reino del norte (el resto de las tribus de Israel), enemistadas entre si. Entonces fue llamado un profeta en el sur. Él tenía el encargo de anunciarles, al reino del norte su destrucción en caso que ellos no cambiasen su comportamiento.
Ellos detestan a aquel, quien les dice la verdad
Amós denunció por esto públicamente las condiciones corruptas e injustas en el
país: Violencia, soborno, explotación de los pobres, orgías de los ricos con
excesos sexuales, religión exteriorizada. La justicia es “convertida en ajenjo”
y la legalidad echada por tierra (5, 7). El profeta forastero con este mensaje
choca, en todo el país, con una resistencia encarnizada. Las gentes
“aborrecieron al reprensor en la puerta de la ciudad, y al que hablaba lo recto
abominaron” (5, 10), así la palabra profética. En especial los sacerdotes se
oponen a él, y lo denuncian al rey: “Amós se ha levantado contra ti en medio de
la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras” (7, 10).
Las terribles condiciones en Israel tendrán consecuencias. Con ilustrativas
comparaciones, Amós hará referencias a la ley de causa y efecto: “¿Rugirá el
león en la selva sin haber presa? ¿Dará el leoncillo su rugido desde su guarida,
si no apresare?” (3, 4) Y Amós profetiza: “Las casas de marfil perecerán; y
muchas casas serán arruinadas” (3, 15). Y: “Jehová el Señor juró por su
santidad: He aquí, vienen sobre vosotras días en que os llevarán con ganchos, y
a vuestros descendientes con anzuelos de pescador; y saldréis por las brechas
una tras otra, y seréis echadas del palacio, dice Jehová” (4, 2-3). Y también
su actuar pone en relación, el profeta, a la causa y efecto: “¿Se tocará la
trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo?” (3, 6) Pues el como
profeta señala, que es lo que pasará, si el pueblo no retorna. Al mismo tiempo
muestra el camino, mediante el cual se puede iniciar el retorno y como las
personas pueden evitar la amenaza del desastre.
Maduros para el final
De esta manera le llega la palabra del SEÑOR a través de Amós al pueblo:
“Buscadme, y viviréis” (5, 4). Los cuernos santificados por los sacerdotes del
altar de Bet-el, serán cortados y caerán al suelo (3, 14). Por esto: “y no
busquéis a Bet-el, ni entréis en Gilgal [los “santuarios” de los sacerdotes] …,
porque Gilgal será llevada en cautiverio, y Bet-el será deshecha. [En vez de
esto] Buscad a Jehová, y vivid” (5, 5-6). “Buscad lo bueno, y no lo malo, para
que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como
decís … Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso
arroyo” (5, 14 y 24).
A esto, el sumo sacerdote Amasías, hace expulsar a Amós del país: “Vidente,
vete, huye a tierra de Judea, y come allá tu pan, y profetiza allá; y no
profetices más en Betel, porque es santuario del rey, y capital del reino” (7,
12-13).
Amós en contra de esto sigue fiel a su cometido. Con humildad reconoce frente al
sumo sacerdote una última vez: “No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que
soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y
me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel” (14-15).
Pero el sumo sacerdote consagrado por los hombres como “intermediario de Dios”,
ya no permite que Dios pueda hablar por boca profética. En su interior el
agricultor y profeta ve ahora un canasto con frutas maduras cosechadas, y
nuevamente percibe la voz de Dios. Él escribe: “Y me dijo Jehová: Ha venido el
fin sobre mi pueblo Israel; no lo toleraré más” (8, 2). Así les anuncia la
muerte al Sumo sacerdote y al pueblo su destrucción. Luego tiene que huir del
reino del norte, Israel.
Una vez más un corto tiempo para el regreso
A Israel aún le quedan algunos años. Tiempo suficiente, para escuchar al
profeta. Pero la gente no lo hace. En vez de esto se toman el tiempo para
armarse militarmente. El imperio asirio mediante el poder de las armas debe ser
detenido de su afán de una conquista de Israel. Como los hermanos del sur no
quieren participar en este plan, el rencor del norte se dirige primeramente
contra aquellos. Primeramente Israel entra en guerra contra Judea, la tribu
“disidente” del sur. Amós aparentemente pasa al olvido, e Israel, en contra de
las profecías, obtiene la deseada victoria militar. Jerusalén, la capital de la
tribu del sur, es rodeada por los ejércitos unidos de las tribus del norte junto
a los aliados norteños, los arameos. Pero Jerusalén no cae (ver 2ª de Reyes 16,
5). Luego la guerra da un giro, en vez de dejarse conquistar por sus propias
gentes del norte, la tribu de Judea prefiere pedir ayuda a la potencia Asiria.
Este llamado de auxilio cabe plenamente en los planes del gran rey asirio. El
ejército de Asiria es movilizado nuevamente, y se pone en marcha en dirección a
Palestina. La meta: Israel del norte con su capital Samaria.
Ahora los atacantes, se transforman en atacados. En comparación a Asiria, el
pequeño país de Israel logra resistir al ejército asirio por algunos años. Pero,
sin embargo, en el año 772 a. C. llega el final. La capital Samaria es sitiada y
conquistada, las gentes son deportadas, “y no quedó sino sólo la tribu de
Judea” (2ª de Reyes 17, 18). Amós, con sus advertencias no pudo detener la
caída del reino del norte. Las tribus israelitas del norte son definitivamente
derrotadas, tal como lo había profetizado Amós, y unas pocas personas que
quedaron se entremezclan con los pueblos vecinos.
Hambre de pan espiritual
El profeta no sólo ha revelado el acontecer exterior de las cosas. También se
dirigió a lo interior del hombre, el ansia por Dios y la verdadera esencia de
los humanos. “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré
hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de
Jehová.”, así una palabra del profeta (8, 11). Primeramente esta profecía se
relaciona con la intranquilidad y desesperación interna, pues se habla más sobre
esa hambre: “E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente
discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán” (8, 12). Sin embargo
en medio de los tiempos de sufrimiento ya ha iniciado el cambio de era. Así el
cultivador de higos del reino del sur, amplía al final de su revelación con una
protesta al futuro: “He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara
alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los
montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán. Y traeré del
cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las
habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y
comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán
arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo” (9, 13-15).
Algunos dicen, que esto fue hace mucho, y ya ha pasado hace tiempo. Otros dicen,
falta mucho aún, y otros dirán, que este tiempo ya ha comenzado …
Jeremías -
despreciado, torturado y asesinado por aquellos a quienes quería ayudar
Fue en el año 600 a. C. - un año difícil para Jerusalén y Judea, la única tribu sobreviviente en Israel. La potencia de Babilonia ha reemplazado al imperio Asirio y ya no se podía detener con medios militares. Conquistaba país tras país y los anexaba al nuevo gran imperio. Judea, el ex reino del sur de Israel, aún seguía independiente. ¿Cómo se comportarían sus jefes, como se comportaría la población?
En estos tiempos fue dada la palabra de Dios por medio del profeta Jeremías: Israel no se debía oponerse a Babilonia mediante la fuerza. Dios iba a guiar a su pueblo por un tiempo difícil, hasta que le llegue su destino también a Babilonia e Israel pudiese volver a vivir en libertad. Sin embargo la superioridad política y religiosa, en el Israel de ese entonces, se oponía al profeta, lo combatió y se armó para la guerra contra Babilonia. Dios, empero, consolaba a Jeremías, y constantemente lo volvía aponer de pié. Durante casi 50 años el profeta Jeremías estaba al lado del pueblo. Él no se rindió y mantuvo su lealtad a Dios y a los hombres. Su recompensa fue la ingratitud. Al final, así la tradición, Jeremías fue lapidado por el airado pueblo. Antes Dios le había mostrado el futuro: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judea … Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (31, 31.33).
Jeremías es apresado y se encuentra solo
En contra de las advertencias de Jeremías, los políticos y los sacerdotes de
Israel se deciden por la guerra defensiva contra Babilonia. Esta determinación
es también una sentencia contra el profeta, y la superioridad de los israelitas
le dicen al rey: “Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar
las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos
de todo el pueblo, hablándoles tales palabras” (38, 4). Entonces Jeremías, como
traidor al pueblo, es echado en una fosa de cieno, para que muera de hambre.
Sin embargo “Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías
hijo de Semanas … el cual profetizó, conforme a todas las palabras de Jeremías”
(26, 20). También éste debe se ejecutado. Cuando Urías sabe de su condena, logra
primero huir a Egipto. Pero Israel lo hace perseguir y exige a Egipto su
extradición. Estos ceden. De regreso a Jerusalén, el profeta, por orden del rey,
es acuchillado. Ahora sólo queda Jeremías, quién deberá sufrir una tortuosa y
más lenta muerte que su compañero Urías. Pero un empleado de la casa real de
Israel se compadece del profeta. Él logra un indulto parcial, y la condena a
muerte es abolida. Ahora Jeremías es encerrado junto al palacio Real.
Comprar un campo, antes que el país sea conquistado
Allí Jeremías recibe el encargo de Dios, comprar en su patria Anatot un campo.
Jeremías suspira, pero se acuerda de la anunciación para el país y reza a Dios:
“y les diste esta tierra, de la cual juraste a sus padres que se la darías, la
tierra que fluye leche y miel; ¿y tú me has dicho: Cómprate la heredad por
dinero, y pon testigos; aunque la ciudad sea entregada en manos de los caldeos?”
(32, 22.25) Y Jeremías recibe la respuesta: “He aquí que yo soy Jehová, Dios de
toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?” (V. 27)
Así Jeremías compro el campo por 17 piezas de plata, también como señal para los
otros, como símbolo para el futuro. Y Dios sigue hablando: “Y poseerán heredad
en esta tierra de la cual vosotros decís: Está desierta, sin hombres y sin
animales, es entregada en manos de los caldeos” (32, 43).
Israel militarmente no tiene chance contra Babilonia. Por su arriesgada
resistencia corren ríos de sangre. Para romper la resistencia, la potencia
babilónica actúa en forma radical: Las casas y los muros de Jerusalén y Judea
son arrasadas, y la mayoría de los sobrevivientes son deportados. Jeremías, sin
embargo, después de la entrada de las tropas babilónicas, es liberado.
Nuevo desprecio y agravio del Profeta
Algunos jerarcas del pueblo derrotados, que habían quedado en el país y la
población se acercó a Jeremías y piden por la “palabra de Dios” por la nueva
situación. Mientras tanto, la mayoría ya había tomado la decisión de abandonar
el asolado país lo ante posible, no quieren más guerra y tampoco quieren seguir
sufriendo hambre. Egipto, creen, es militarmente suficientemente poderoso para
desafiar a Babilonia, y además allí habría suficiente comida. Pero Dios dice
otra cosa. Él sabe, que es mejor para el pueblo, si se queda en el país
prometido y lo reconstruye: “Si os quedareis quietos en esta tierra, os
edificaré, y no os destruiré; os plantaré … No temáis de la presencia del rey de
Babilonia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y
libraros de su mano” (42, 10-11).
Una palabra inequívoca, dada por boca de profeta. Y Jeremías como convalidación,
se compró un campo. ¿Que harían los demás? La primera respuesta, que le es
gritada a Jeremías por parte del populacho, es: “Mentira dices” (43, 2).
Se origina una gran intranquilidad, y la asamblea: Cada vez más ciudadanos lo
ven del mismo modo como el primero que gritó. Y así nuevamente se impone en el
pueblo la convicción de no escuchar al profeta. El pueblo de Israel se dirige a
Egipto. Pero aquel que quiere seguir a la “palabra de Dios” y quedarse en el
país, no obtiene ninguna chance. Así también Jeremías está obligado a viajar a
Egipto.
La “Reina del cielo“ no ayuda
Sin embargo la vida en Egipto se configura en forma totalmente distinta de cómo lo habían esperado los israelitas. Es un duro batallar por la existencia, por la supervivencia. En esta situación ellos cuestionan su fe. ¿Por qué no rezar al mismo dios de los egipcios? Si le rezamos a la “diosa de los cielos”, el destino haría un giro y a nosotros nos volverá a ir bien. Así piensan los israelitas. Finalmente los sacerdotes y los jerarcas del pueblo deciden: Desde ahora será honrada la diosa del cielo, la “gran diosa” de Egipto. En esta situación Jeremías nuevamente percibe en su interior la “palabra de Dios”. Él advierte nuevamente al pueblo sobre el nuevo desastre, si Israel comienza ahora, de cultivar el culto de esta diosa. ¿Cómo será la reacción? ¿Los israelitas recapacitarán para abandonar su intención? Pero nada de esto sucede. La “gran diosa” deberá ayudar a Israel. Sin embargo la nueva religión no trae nada. A lo contrario: En vez de una mejoría de la situación de vida, se origina una nueva hambruna y nuevas pestes y cobran una víctima tras otra. Lo israelitas se embrutecen cada vez más, y la violencia y los asesinatos aumentan. Ahora también los días del profeta están contados. Jeremías bajo condiciones desconocidas es asesinado, así la tradición. Finalmente queda un pequeño grupo de israelitas miserables.
Nuevo comienzo para los que yacen en el suelo
Los pocos sobrevivientes recapacitan. Deciden regresar a Israel. Allí mientras
tanto, también aparecen los primeros que fueron desterrados a Babilonia.
Mientras tanto el gran imperio babilónico había caído en manos de Persia, tal
como lo había profetizado anteriormente Jeremías. Mucho tiempo se perdió, que
hubiera servido para la bendicón del pais y de su gente. Pero Israel recibe una
nueva chance, construir su país y sus sociedad según los mandamiento de Dios. Y
la palabra de Dios, dicha por Jeremías, se cumple por un corto período: “Con
amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te
edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con
tus panderos, y saldrás en alegres danzas. Aún plantarás viñas en los montes de
Samaria …” (31, 3-5)
Profetas en los últimos 2000
años
Las iglesias enseñan, que Jesús habría sido el último profeta. Pero Jesús
mismo expresamente no enseña esto. El advierte ante la presencia los “falsos
profetas” y explica en que se pueden reconocer a estos, frente a los “verdaderos
profetas de Dios”:
“Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes vestidos de ovejas, pero
por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen
uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos
frutos, pero el árbol malo da frutos malos … Así que, por sus frutos los
conoceréis” (Biblia, Mateo 7, 15-17.20). En otro lugar Jesús habla del
“espíritu de la verdad”, quién anuncia más verdades aún, que aquellos, que el
propio Jesús trajo al mundo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no
las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a
toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo
que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16, 12-13).
Y también Pablo naturalmente sabe de otros profetas, cuando escribe: “Vosotros,
pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso
Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros,
luego los que hacen milagros, después los que sanan …”(1era de Corintios 12,
27-28).
Las iglesias, al contrario de Jesús y a Pablo, enseñan, que las profecías,
respectivamente las “revelaciones” han terminado con Jesús y que ahora habría
comenzado la era de la iglesia. Esto quiere decir: La iglesia no quiere ni
necesita profetas, ya que para ella existe la Biblia, y esta es interpretada por
los exegetas y teólogos eclesiales. Esta situación también se puede clarificar
prácticamente: ¿Alguien se puede imaginar, que un papa, cardenal, arzobispo y un
decano que escuche a un profeta, cuando el “mundo divino” quisiera corregir a un
dignatario? ¿O alguien se puede imaginar que un profeta puede cambiar uno de las
más de 2000 enseñanzas del catecismo católico? ¿O que pueda cambiar algo en una
de las confesiones de fe evangélicas? Nunca jamás. Pero si hablase allí o allá
un profeta, entonces la profecía debería concordar con el “canon” (= la guía
obligatoria eclesial), como lo han establecido los teólogos de la iglesia. Los
profetas siempre fueron mensajeros incómodos, y dirigieron sus palabras
constantemente contra el servicio del cristianismo institucionalizado. Por esto
allí sólo se toleran a los profetas “caseros y palaciegos”, quienes sólo
“profetizaban” sobre aquello que estaba en concordancia con la enseñanza de los
teólogos eclesiásticos y sacerdotes. Similar era esto ya en tiempos del antiguo
testamento, cuando las profecías del profeta de Dios, Jeremías, fueron
contradichas por el profeta “palaciego” y sacerdote auxiliar Ananías
(Jeremías 26). Los indolentes y los tercos le creían a Ananías, pero
Jeremías tuvo la razón. Y el pueblo no aprovechó la oportunidad de evitar la
desgracia. Y en los tiempos depiles de Cristo, esta situación empeoró, debido a
que la iglesia estaba preenjuiciada de ante mano contra los profetas, mientras
que en el antiguo testamento, por lo menos existía cierto intento de
escucharlos. En consecuencia los profetas y las personas con mensajes
proféticos, fueron constantemente insultados, por parte de los sacerdotes y
teólogos de la iglesia, y prontamente fueron llevados a las hogueras. De este
modo a los profetas después de Cristo les iba parecido a aquellos del antiguo
testamento. Su vida estaba constantemente amenazada.
Y así, también en los últimos 2000 años repetidas veces profetas y profetisas
han hablado a los cristianos., las cuales fueron recogidas por la iglesia, y
eventualmente esto sucedía después de la muerte de estos, cuando ya no podían
defenderse. A veces también fueron tolerados. Pero muchas veces fueron
acallados, calumniados e incluso ejecutados. En nuestros tiempos desde un
principio son ridiculizados y en los medios de comunicación masiva todos son
calificados como “chiflados” o como “sectarios” y metidos en un mismo saco, que
a la iglesia no les son de agrado. Así también en la actualidad muchos
contemporáneos son vilipendiados y descalificados.
Y de este modo, se podría preguntarse: ¿A dónde llevó la iglesia a la
cristiandad? ¿Y que les trajo su Biblia a los humanos en los 1700 años?
Constantemente se ha referido a ella para - no sólo justificar guerras y para
explotar el planeta Tierra. Constantemente se interpretaba a la Biblia como lo
necesitaban los hechotes. De esta manera muestran el estado de la Tierra y de
las sociedades algunas de las frutas. ¿Y que hubieran logrado los profetas si se
loes hubiera escuchado?
A continuación algunos ejemplos, en los cuales se pueden examinar a cada profeta
según los “frutos”, de los cuales habló Jesús: Montanus, Mani, Marción, Bogumil,
Girolamo Savonarola, los profetas de Zwikau Markus Stübner, Thomas Drechsel y
Nikolaus Storch (ver
http://www.theologe.de/theologe10.htm), Hans Böhm (der „Pfeifer von
Niklashausen“), Sebastian Franck, Jakob Böhme, Johann Georg Gichtel, Emanuel
Swedenborg, Birgitta von Schweden, Hildegard von Bingen, Mechthild von
Magdeburg, Theresa von Avila,
Katharina von Siena, Joachim von Fiore o en nuestros tiempos Gabriele Wittek
(http://www.universelles-leben.org/cms/es/profecia/la-profeta.html), como también a innumerables nombres de profetas desconocidos, profetisas y
emisarios de Dios, que dejaron sus vidas en las higueras de la iglesia.
Literatura en contradicción a profetas y sacerdotes:
Walter Nigg, Prophetische Denker, Löschet den Geist nicht aus (Pensadores
proféticos, No apagad al espíritu), Rottweil 1986, ISBN 3-89201-004-8, con el
exelente y muy informativo capítulo “Das Prophetische im christlichen
Geschichtsraum” (Lo profético en el ámbito histórico cristiano). Le siguen
emocionantes biografías en relación a los pensadores “proféticos” John Henry
Newman, Sören Kierkegaard, Fedor Dostojewski y Friedrich Nietzsche
Ver:
http://www.das-weisse-pferd.com/Inhalt/sacramentos_eclesiastico.html.
¿El Cristo que retorna -
el más grande enemigo de la iglesia?
Pensamientos actuales sobre un tema incómodo
“Jesús volverá”, dice en la confesión de fe de las iglesias. ¡Pero ay, si
realmente regresa! Basta el sano entendimiento humano, para darse cuenta, que no
bendecirá ni aprobará los dogmas; las confesiones de fe; ritos y ceremonias.
Tampoco visitaría al Vaticano, para darles las gracias a sus supuestos
representantes, por lo bien que han defendido, el papa y sus antecesores en
forma tan “valiente” la posición durante los últimos 2000 años.
Si vendría en forma silenciosa, posiblemente pediría, primeramente en forma
amable, las correcciones en las enseñanzas de la iglesia, en lo que se refiere a
su persona. Sin embargo, ya con esto se haría enemigo de la iglesia. Ya que la
enseñanza eclesial en sus bases esenciales es “infalible” y ya no es posible
efectuar alguna corrección (ver el dogma de la infalibilidad 1870; ver también
la enseñanza Nº 85 de Neuner-Roos). Esto en primera línea es válido para la
enseñanza católica romana, pero en el fondo también para la enseñanza
evangélica, según la cual Dios, en la Biblia, se habría manifestado en forma
concluyente y determinantemente obligatorio.
En caso que regresara Jesús, aún cuando fuese muy cuidadoso, el conflicto con
las grandes iglesias sería inevitable. Ya que estas deberían escucharle, si
fuesen realmente la iglesia de “Jesucristo”. Pero esto con seguridad no lo
harán. Demasiadas cosas han edificado las iglesias, que está en contra de Jesús
de Nazaret (ver los distintos temas en http://www.theologe.de/teologo.htm): La enseñanza; las jerarquías y el aparato
burocrático; los concordados y los tratados internacionales; las cámaras de
tesoros y las innumerables reliquias; La amplia jurisprudencia religiosa como el
Corpus Iuris Canonici (CIC), la tradición; la parafernalia y el espectáculo y el
hábito (= “teatralidad” y “afectación”) de los jerarcas, la jornada mundial de
la juventud y las fiestas litúrgicas, etc. La iglesia para la justificación de
su existencia, necesita el aparente “misterio de Dios” y la fe de la gente, como
que si la iglesia pudiera, mediante sus prédicas y sacramentos procurar el cielo
a los creyentes (ver El Teólogo
N° 32). Un Jesús que regresa, que descubre el “misterio de Dios” y que les
explica a las personas todo lo importante, sería el fin del poder eclesial. Pero
los señores de las iglesias y sus ayudantes, no se rendirían tan rápidamente.
Con dientes y garras combatirían por su sobre vivencia, su poder y sus
privilegios; como siempre en los últimos 2000 años.
Así Jesús, si ya no fuese cuidadoso, le arrancaría la máscara al papa. Y
volvería a exclamar sus “ayes”, como en frente a los teólogos y escribas de su
tiempo: “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el
reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis
entrar a los que están entrando” (Mateo 23, 13). Y los hipócritas con sus
cuellos almidonados y la cruz colgando de sus cuellos y pegadas en sus chaquetas
se volver.
Ían a juntarse y discutir como podrían eliminar a este “sectario”, el “auto
denominado Cristo”, el “falso profeta”, el “falso Cristo”, el “gurú
totalitario”, el “charlatán”, el “falso prometedor de salvación”. Hasta se
presentarán “pruebas”, para “desenmascarar” a Cristo. La prueba sería: Cristo no
se atiende a los dogmas y las confesiones de fe y ni siquiera a la Biblia, y
sólo sacaría de ella aquellas partes, que le fuesen agradables (a pesar uno
mismo lo hacen de igual forma, sólo se elijen otras partes). Pero la Biblia,
como un todo, sería la “base indiscutida de todo el cristianismo mundial”. Y los
dogmas y las confesiones de fe serían la interpretación legítima de la Biblia.
En contra de esto el Cristo retornado: Un “presuntuoso”, presumiblemente un
psicópata impulsado por “fantasías de grandeza maniáticas”. Mientras que la
iglesia mantiene en alto la consagrada tradición de innumerables generaciones,
él simplemente opone. “Pero yo os digo …”
Si a pesar de todas las calumnias, obtendría una buena recepción por parte de la
gente, la iglesia no aceptaría esto así como así. Ye que dispone de de muchos
medios y caminos. Si volviese a trabajar como un exitosos y estimado carpintero,
se proclamaría al respecto, no hacerle encargos a esta “empresa sectaria”.
También se les haría “advertencias” a los gremios de feriantes correspondientes,
para que no reciba un puesto en una feria. Que ningún diario haga publicidad de
sus productos. Se podría justificar la negativa, diciendo que su enseñanza no es
compatible con la política de la editorial correspondiente. La iglesia tiene a
su gente en todos los lados - también una señal para las personas, que certifica
su “sanación universal”. Y así en todos los lados se podría tratar, “evidenciar”
en forma correspondiente a su crítico Jesús, o, donde se consideraría necesario
actuar en contra de él política- o jurídicamente. Y los políticos decisivos
inclinarían nuevamente su cerviz respetuosamente frente al poder de la iglesia.
Como decía un jerarca eclesiástico al término de la segunda guerra mundial: “Que
la iglesia no necesita revertirse, seguramente la mayoría lo sienten como un
reflejo de la eternidad” (Decano Georg März de Würzburg, citado según C.
Vollnhals, Evangelische Kirche und Entnazifizierung, München 1989, pág. 134).
Durante casi 2000 años llegaron y volvieron a irse los gobernantes y reinantes.
Pero la iglesia se mantuvo - junto al lado del los, a la sazón reinantes, o -
con buena previsión - futuros gobernantes. Y constantemente se dejó obsequiar
con riquezas, privilegios y favores. Pero siempre cuando el cielo se inclinaba
un poco hacia la tierra, por un profeta, la silla de Pedro en Roma y su taburete
evangélico comenzaban a tambalearse. ¿Cuan peligroso sería entonces la venida de
Jesús? No existe un peligro mayor para las iglesias realmente existentes. ¡Ay,
si realmente regresase una segunda vez! ¡Ay, ay! ¿No fue clavado a una cruz? ¡No
se ha quedado amablemente silencioso, después de su resurrección? ¿No se ha
logrado acallar a los profetas “herejes” de Cristo y Dios en los últimos siglos?
¿No se ha defendido la iglesia con éxito contra las “herejías” y las sectas?
¿Volverá ahora? ¿Provocará a las iglesias al “combate final”?
La iglesia no necesita a un Cristo que regrese. La iglesia ha llegado a ser una
institución poderosa, la institución más poderosa de todo el orbe. Ella no es un
lugar donde pueden pulular predicadores ambulantes chiflados. La iglesia tiene
su Biblia. La iglesia tiene sus dogmas, y los creyentes repiten semana a semana
la confesión de fe apostólica. Y la iglesia tiene al papa. Su “Urbi et orbi”,
penetra poderosamente en todos los palacios de este mundo y también en la última
choza al borde de la civilización. Y como lo aclaman las gentes, cuando
constantemente regresa donde ellos. Ningún dinero es demasiado para el papa y su
corte. Este hombre les da esperanzas. Él es un modelo. Y les da fuerza, también
a los evangélicos. Y naturalmente la iglesia también pone a su cuidado, el
Cristo. Ella se lo adjudicó como un dios silencioso. Balbuceando desamparado en
el retablo o lo hizo callar en la cruz. Allí nos habría salvado. Esto debería
ser suficiente. ¡Ay! Si nuevamente osaría regresar …
Nota. Las citas bíblicas son según la Biblia de Reina-Valera (El traductor)
|
El texto se puede citar como sigue: Revista "Der Theologe", editado por Dieter Potzel, edición Nº. 20: Elías, Amós y Jeremías - los profetas como mensajeros incómodos para el pueblo / Profetas desde Jesús de Nazaret, Wertheim 1996, citado según http://www.theologe.de/profetas.htm, versión del 13.11.2007 |
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