Cristianos libres por el Cristo del Sermón de la Montaña
Información Nº 6


¿La muerte - y entonces qué?

El secreto de la Iglesia y una mirada detrás del banco de niebla


 

Parte 1:
Dios no tiene secretos - niebla eclesiástica sobre la muerte

Parte 2:
Ceremonias eclesiásticas y ritos mortuorios: Un culto de la muerte y de la materia


 



Parte 1


¿La hora de la muerte y el destino del alma en el más allá son "Misterios de Dios"?

 

Niebla eclesiástica alrededor de la muerte


Nada de los bienes que el hombre ha adquirido en esta tierra durante su vida, puede llevarse después de muerto. Puesto que los bienes y las riquezas, siempre que existen, quedan en este mundo y son repartidos entre los herederos. También es cuestionable si la reputación o el honor que ha logrado una persona, le es manifestado después de su muerte.

Según la enseñanza de las dos grandes Iglesias, se define durante su corta estancia en la tierra, el destino en el más allá del hombre, que finalmente le puede significar el cielo o la eterna tortura en el infierno. La llave para el cielo sólo la proporciona la Iglesia, así es su enseñanza. Pero el que cree en esto, no sólo arriesga que se desespera en esta vida. Este, bajo ciertas condiciones como alma en el más allá, y entre dolores puede experimentar que fué engañado por los obispos y pastores y que le fué robada la oportunidad de su vida.

 

¿Dónde estuvo Dios el 22 de Febrero?


Aquel que sigue la fe de la Iglesia, por el momento puede ser tan alegre o triste como una persona que tenga otra fe. Pero muchas veces no es consciente de lo que exactamente se enseña en la Iglesia católica-romana o en las muchas Iglesias evangélicas, de la cual llegó a ser miembro por el bautismo, como lactante. Si investiga un poco más a fondo, enseguida advertirá incongruencias, contradicciones y discordancias en las enseñanzas eclesiásticas, las cuales fueron aderezadas lisa y llanamente bajo el concepto de "misterios divinos". Con estos "misterios" muchas personas pueden vivir medianamente, mientras no se hayan producido graves enfermedades o alguna desgracia en sus vidas, como por ejemplo la inesperada muerte de un pariente cercano. Entonces automáticamente aparece la pregunta, ¿por qué? ¿Por qué esta aflicción? ¿Por qué mi pareja, mi amigo, mi pariente? ¿Y dónde está Dios? O simplemente "¿Dónde estabas este 22 de Febrero?" Así hizo la prédica el presidente de la Iglesia evangélica en Alemania, el obispo Huber, en el funeral de una niña que fué asesinada.
 

 "Llamada" de lo transitorio


Cuando cuatro niños de una comunidad religiosa, en el regreso de unas vacaciones en la nieve se accidentaron mortalmente, los padres interpretan sus muertes con una palabra de Dios a través del profeta Jeremías: "Yo les he amado desde siempre, y por esto los he traído hacia mi por pura bondad" (idea-spektrum N° 2/2002). Naturalmente Dios ama al hombre por siempre y esto puede llegar a ser un verdadero consuelo. ¿Pero puede ser que Dios haya traído hacia sí a los cuatro niños "por pura bondad", mediante este accidente?

En un accidente en 1999 mientras jugaban, el hijo de 9 años de otros colaboradores eclesiásticos, se estranguló casualmente, los padres hasta ahora no pueden "encontrar ningún sentido". "Dios ha retomado su regalo", reza su explicación (N° 47/2003). ¿Fué Dios el que provocó este accidente?

 

Los miembros de su Iglesia corroboran que aparentemente Dios determina, cuándo deben morir exactamente las personas. "En la muerte, Dios llama a las personas hacia si" dice escuetamente el catecismo de la Iglesia católica (N° 1011) y en los funerales, los sacerdotes y curas rezan: "Después que el Dios omnipotente ha llamado a nuestro querido hermano/querida hermana de este perecedero mundo …" Y en una propuesta oficial de textos, para pastores luteranos, dice incluso: "Le ha complacido al omnipotente Dios …", de llevarse consigo al fallecido.
 

¿La repentina "eterna venganza"?

 

¿Pero, con qué criterios Dios llevaría consigo en cada caso, a las personas? ¿Quizás porque lo ama en forma especial, como se podría sospechar en la interpretación de la muerte de los cuatro adolescentes? ¿Por qué entonces se lleva a gente joven, que no creían en Él y que por lo demás, no llevaban una vida especialmente "agradable para Dios"? ¿Ya que, según la enseñanza de la Iglesia se debería suponer la condenación de estos, Dios los podría haber dejado un tiempo más en este mundo, para que eventualmente podrían encontrar en la Iglesia, le eterna gloria? Pues si se cree a la Iglesia católica-romana, la situación sería así: "Cada hombre después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular, que orienta su vida a Cristo, bien a través de una purificación, o bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre" (Catecismo N° 1022).

 

Lutero: Ya desde lactantes están predestinados a la condena

 

¿Sin embargo, por qué personas se autocondenarían "de inmediato para siempre"? En enseñanzas anteriores aún se decía, que es Dios el que condenaba. Más aún: El reformador Martín Lutero estaba convencido de que Dios predestinaba, con el nacimiento de un bebé, para la eterna gloria o la eterna condenación. Sin embargo, la Iglesia evangélica ha cambiado la enseñanza de Lutero en la medida que Dios no predetermina la eterna condenación, si no sólo la contempla – lo que también enseña la Iglesia católica – pero al final, para el condenado el resultado es el mismo. Predeterminado o solamente contemplado – ¡eternamente condenado, es eternamente condenado!
 

Resumiendo se puede decir: Las Iglesias enseñan que Dios fija de forma exacta, el momento de la muerte de una persona y se lo lleve en ese instante de la tierra donde su vida terrenal determina, si el hombre en el más allá, entra en la gloria eterna o debe vivir irrevocablemente y en forma definitiva bajos las mas terribles torturas infernales. Y todo esto, Dios ya lo habría predeterminado en el momento de la concepción del ser humano. En esta parte será investigada la interrogante, y cómo los creyentes se las arreglan con esta enseñanza.

 

"Airado con Dios" en internet


El obispado católico de Tréveris ha colocado un "muro de los lamentos" en internet para los tristes, y les habla con las palabras siguientes. "Lo que ha sucedido es tan incomprensible, tan injusto. Usted está furioso, airado, desilusionado de los hombres, de Dios … El muro de los lamentos puede ayudar a expresar todo esto." ¿Pero adonde llevan los lamentos? Si Dios llevaba hacia Él todos los muertos según su insondable providencia y luego los juzgaba para toda le eternidad, entonces sólo sería comprensible un muro de los lamentos. También sería pertinente rebelarse en nombre de la justicia contra Dios y renegar de Él.
 

¿Dios es cruel consigo mismo?


Un misionero evangélico y profesor de la Biblia cuyo yerno tuvo un accidente mortal, se ayudó de modo distinto. "Ya que Dios a sí mismo como Cristo, se ha exigido una muerte humana cruel, puede entender la situación
" (idea spektrum 42/2003), así se consoló el misionero. ¿Pero, de qué le sirve al afectado la imaginación, que Dios posiblemente fué cruel consigo mismo y por esta razón entiende al hombre? Aparte de ello, que Jesús fué atormentado y asesinado por los hombres y no por Dios – ¿no sería mejor que Dios le ponga fin a todo este horror?

Un paso más allá que el misionero, lo dió un pastor evangélico cuya madre se suicidio tumbándose en la vía férrea. Para el pastor, el "amor de Dios" se mostró finalmente "en la certeza que recibí, que Dios no sólo miró cuando mi madre se tumbó en la vía del tren … sino que Jesús se acostó junto a ella y se dejó atropellar, para luego salvaguardarla" (idea-spektrum 47/2003). Lo que para el momento puede ser reconfortante, para después deja más interrogantes que respuestas. Aquí Cristo no es visto como aquel que le da al hombre todas las ayudas imaginables, para que la persona tome distancia de un suicidio por ejemplo, mediante advertencias en la conciencia o mediante el encuentro con un semejante. En la creencia del pastor, Cristo realiza de forma macabra el suicidio junto a la mujer, para enseguida llevarse, igual que la "pelona" a la mutilada, aún cuando la palabra "salvaguardar", suena más amable.

 

 Amenazas a posibles renunciantes


A la vez, este consuelo de estar junto a Cristo en el más allá es sólo para aquellos que se mantienen fieles a la fe de la Iglesia. "Por aquel no necesitamos estar tristes", predica otro pastor en la tumba de un miembro de la Iglesia, que tuvo un accidente mortal. "Debemos estar tristes por aquellos que mueren, sin haber aceptado a nuestro Señor"
(idea-spektrum 29/2003). Un escalofrío les debe recorrer a algunos creyentes con esto, asociado con el miedo, que las propias dudas en la enseñanza de la Iglesia o darse de baja de la Iglesia, posiblemente podría costar la eterna salvación.

 

Los teólogos se esconden detrás de "los misterios de Dios"


En caso de desgracias o de grandes catástrofes donde hay muchos muertos, los representantes de las Iglesias con su diferenciación entre creyentes y no creyentes se enfrentan a los más grandes problemas para explicarlo. La repartición teológica correcta de las víctimas, en aquellos "que el Señor ha aceptado" y los otros que en el momento de la catástrofe se habrían auto condenado a la eterna perdición, generalmente les parece inadecuado – al igual que las respuestas dadas en casos singulares, como "Dios ha llevado consigo en su bondad a las víctimas" o él habría "retomado sus regalos" (ver arriba). Parece que los lobos hubieran tragado mucha tiza, cuando de pronto los obispos y los pastores mantienen ocultas sus enseñanzas arriba mencionadas, y en vez de esto, hablan de los "misterios de Dios".

Ninguna imaginación podría captar los "insondables misterios de Dios". Así un deán, durante las exequias para las víctimas de la catástrofe ferroviaria de Eschede en 1998. Dios se "consagra a nosotros, pero también se nos puede volver ajeno y alejado". Si la responsabilidad la lleva Dios o el hombre, queda abierto en los discursos de los teólogos. Siempre cuando los representantes de las Iglesias caminan en lo oscuro, se enredan en los supuestos "misterios insondables de Dios", que finalmente no son otras cosas que enredos y conscientes encubrimientos en sus propios pensamientos. El mayor engaño en esto es el mal uso de la palabra "Dios" o "Cristo". Porque si un pastor por ejemplo, ha dicho si alguien fué "aceptado por nuestro Señor", entonces no se refiere a la sucesión de Jesús en el sentido del cristianismo originario. El se refiere al "Cristo" de la Iglesia, respectivamente al "Dios" eclesiástico que muchas veces no tiene mucho que ver con Jesús de Nazaret o el Dios creador. En el fondo estos no son más que ídolos, que en cuestiones de vida del "por qué" del dolor y de la muerte no se dejan mirar los naipes y que habrían instituido una Iglesia con sacramentos, cultos exteriorizados y ceremonias, como sus representantes en la tierra. Y cuyos representantes buscan confundir a los creyentes con sus explicaciones para consolarlos y calmarlos.

 

La Biblia enseña la ley de siembra y cosecha


"La aguda y cortante pregunta del "por qué", también la había hecho Jesús a Dios, en su última hora", así el arzobispo austriaco Eder en su sermón a los deudos de las víctimas del accidente del teleférico de Kaprun del año 2000. Pero en la Biblia no se ha transmitido una respuesta. "Jesús con seguridad recibió una respuesta, sólo que nadie de los que estaban junto a la cruz la oiría. ¿Puede ser esto cierto, o aquí también se abusa de Jesús?
 

Ya la expresión del arzobispo, de que en la Biblia no existe una respuesta es errónea. En la Biblia por ejemplo, se enseña la ley de siembra y cosecha – casi de continuo en el antiguo testamento, donde Jesús dice por ejemplo, ("no juzguéis para no ser juzgados", "el que tomare la espada, morirá por la espada" y muchas otras declaraciones como estas). E incluso de forma verbal donde Pablo escribió: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará" (Gálatas 6, 7), la ley de siembra y cosecha sólo se puede entender en combinación con el Dios amoroso. Así también explica Pablo en esta relación: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (6, 2). Una persona que siga los pasos de Jesús no se forma pensamientos teóricos sobre su semejante, sino que coopera para que sea mitigado o superado el dolor de su prójimo o que en lo posible, acabe. A esto pertenece el consuelo de que nada de lo que sucede en este mundo es casualidad, o adjudicado a un Dios insondable como se enseña en las Iglesias, sino que el alma de cada ser humano se encuentra en el camino de la purificación para encontrar el regreso a su origen, la vida en el espíritu de Dios. Para esto debe superarse el mal con el bien y la renuncia a todo tipo de violencia. Y a este camino de purificación también pertenece el conocimiento de que cada alma tarde o temprano, puede encontrar el regreso a la vida en Dios y con esto, a la paz con todos los hombres y la naturaleza.

 

 Reencarnación


Posiblemente este camino lleva a un alma por muchas encarnaciones, donde ella puede proyectar su propia trayectoria que puede contener muchas pruebas. Jesús de Nazaret ya presupuso el conocimiento de la reencarnación
(ver también El Teólogo Nº 2 - Reencarnación), y que estuvo muy difundido durante mucho tiempo en el cristianismo originario. En el concilio de Constantinopla del año 553 fué definitivamente eliminado de la enseñanza eclesiástica cristiana. A la sazón, la creencia de "que el alma de un ser humano existe antes del nacimiento y la creencia de "que todas las personas vuelven a encontrar el camino hacia Dios" fué condenado por la Iglesia católica. Una cosa es la condición para una reencarnación y otra es su meta. Para reemplazarlo se introduce el dogma del pecado original y de la eterna condenación. Según esto, Dios crearía en la procreación de cada niño su alma y le añade en el mismo momento el pecado original, que finalmente es el causante de todas las aflicciones. Y a pesar de que sólo heredó ese pecado original, el hombre debe llevarlo con toda responsabilidad – en caso extremo, hasta en la eterna condenación. Y con la dogmatización de este horrible fin, se le quitó también al hombre la esperanza de que todo – aún bajo condiciones de muchas experiencias dolorosas y varias reencarnaciones – de llegar a un buen destino, una vida feliz de todos los seres en el espíritu de Dios. En vez de esto se dogmatizó una enseñanza de un dios que ya no quiere reaccionar, si por ejemplo un alma en el más allá siente un profundo arrepentimiento, y clama por misericordia y siente el ansioso deseo de revertir las maldades cometidas como ser humano. Y todo con el fundamento de que esto lo debió de haber hecho cuando aún estaba en la tierra. No es de extrañar pues, que muchas personas amargadas se aparten de un dios como este.

 

Plan de vida y el momento de la muerte


Sin embargo el Dios creador, que también es Dios-padre-madre respectivamente, el padre de Jesús, el Cristo, se comporta de forma totalmente distinta a como lo enseñan las Iglesias. En muchas parábolas como por ejemplo "el buen Samaritano", o de la "oveja perdida", el hombre de Nazaret aclaró la bondad de Dios y que no existe ningún segundo para poner punto final para toda la eternidad. Muchos profetas y verdaderos mensajeros de Dios, antes y después de Jesús de Nazaret recibieron en base a su consciencia unida en el Dios viviente, conocimiento de los procesos existentes detrás de la niebla de la muerte y aclara a los seres humanos sobre por ejemplo, que cada alma según su propio plan de vida, trae consigo su propio "tiempo terrenal", o bien "el tiempo de su vida terrenal"; naturalmente no en forma de un momento exacto del tiempo. Sino en el marco de un determinado espacio de tiempo. Este espacio puede ser más largo o corto y si su muerte se produce ya al comienzo o hacia el final, depende nuevamente del comportamiento de la persona. Las causas según esto, podrían ser múltiples. Pero detrás nunca hay una determinación insondable o un misterio que Dios quisiera ocultarnos. Dios no tiene secretos y siempre está disponible para el hombre y todas sus criaturas.

 

Advertencias y ayudas

 

Gracias a la ayuda de Dios, generalmente y antes de un amenazante golpe del destino, previamente le llega al hombre alguna advertencia, de manera que la persona no tendría que sufrir necesariamente este golpe del destino. Así cada situación de la vida le puede servir al hombre como autoreconocimiento. Semejantes impulsos pueden ser muy sencillos, como por ejemplo: "Conduce despacio", "No hagas esto", "Pon esto en orden", "!Ya es hora!", y otros parecidos ... Por lo tanto Dios ayuda constantemente para regresar a una vida feliz, saludable y vigorosa, lo que concuerda con la voluntad de Dios para cada ser humano y cada alma.

 

Este conocimiento es desechado por las Iglesias, ridiculizado e incluso combatido, porque en situaciones de crisis se prefiere no decir nada y sumergirse en los supuestos misterios de Dios, en vez de consultar por la motivación de una persona por ejemplo, de un deudo o de un fallecido, cuyo lapso de vida conforme a lo predispuesto por su propia alma, ya había expirado. Y de esta manera las Iglesias les quitan a muchas personas la oportunidad de su vida, la cual por ejemplo, podría consistir en desentrañar las causas de las adversidades, de manera que podrían ser superadas y eliminadas.

 

 



 

Parte 2

Ceremonias eclesiásticas y ritos de defunciones

 

Un culto de la muerte y de la materia


"¡Señor otórgale a él y a todos los muertos el descanso eterno! ¡Señor, déjalos descansar en paz!" rezan los curas y los pastores durante el rito funerario. Pero la conjurada paz para los muertos es engañosa para los que fallecieron en el credo de la Iglesia, y cada vez es menos creída. O se usan las palabras con un cierto humor aunque involuntario – como por ejemplo, una mujer que mandó poner en la lápida de su fallecido marido. "Descansa en paz, hasta que nos volvamos a ver". ¿Habrá terminado entonces el pacífico "descanso"?

 

 Una religión de momias


¿Qué se quiere decir realmente con la "fórmula de descanso" que es usada desde siglos por las Iglesias? ¿Y cómo se puede convenir la supuesta paz con las enseñanzas de las Iglesias de la inmortalidad del alma o de la resurrección en los días postreros? Las almas de los creyentes fallecidos estarían en "las manos de Dios", interpreta el profesor de teología católica Dr. Marius Reiser. Y más: La expresión "descansa en paz" indica "la redención de los extintos en la protección de Dios", cuyo cuerpo es resucitado en el día postrero, y unido con el alma inmortal.

Que esto sea posiblemente totalmente distinto se podría por ejemplo, deducir de las reacciones de miembros creyentes a quienes esta enseñanza eclesiástica no les da paz ni consuelo. Las personas sienten intuitivamente que algo no es cierto. El científico religioso y ex profesor de teología católica, Hubertus Mynarek, interpreta la fórmula de la paz mortuoria, desde un punto de vista psicológico, de forma totalmente diferente y provocativo para la Iglesia: "´Requiescat in Pace` (R.I.P.), Descansa en paz – esto es sólo otro giro para la definitiva muerte", así Mynarek. "Y finalmente significa: ´Ustedes todos terminarán en la muerte`" (Freie Christen Nr. 5, Voodoo auf katholisch, S. 33). En los años 70, Mynarek que era decano de la facultad católica de teología de la universidad de Viena señala, que la Iglesia ha tomado la creencia del alma inmortal en los comienzos de la edad media, de la filosofía griega. Pero en realidad "la religión católica es una auténtica religión de momias, una religión de adoración de momias, porque de los tres elementos – espíritu, alma y cuerpo – constantemente se adhiere en lo corporal".

 

Partes de cadáveres en el altar


Esto se puede acreditar: La Iglesia venera por ejemplo, partes de cadáveres de los llamados santos, como reliquias. El científico religioso Mynarek escribe al respecto: La Iglesia "mantiene en alto, partes de momias. Pero como evidentemente no quiere ser una religión de momias, solo toma a momias santas [no de todas las personas] y las deja venerar por las personas, de manera que una porción de una momia, una mano por ejemplo, o incluso un prepucio de algún santo, en el altar – en todos los altares – deben estar incluidos". Aquí el materialismo, en la enseñanza de la Iglesia esta en evidente crasa oposición al cristianismo originario. Porque allí por ejemplo, aún dice: "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Corintios 3, 17). Pero también con el "descanse en paz", la Iglesia contradice a su propia Biblia, en la cual por ejemplo, Pablo escribe: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará" (Gálatas 6, 7). Porque sin duda, un católico creyente – de todos modos – no sólo ha sembrado "tranquilidad", "paz" y "salvaguardia" y de acuerdo a la Biblia, cosechará todo lo que sembró.

 

 ¿La eucaristía – un rito de canibalismo?


En general se podría decir: La Iglesia reemplazaría la religión interna, que trajo Jesús de Nazaret (El reino de Dios está dentro de vosotros) y su enseñanza de la fe del hacer (El que haga la voluntad de Dios, entrará al reino de Dios), por los cultos exteriores y el ritual eclesiástico.

El ejemplo del bautismo: Con el bautismo del agua el aspirante al bautizo por ejemplo, debe ser recibido por Dios durante el ritual. Con esto será bautizado "en la muerte de Jesús" (Nuevamente un ritual mortuorio), para posteriormente resucitar como Él. El hombre "viejo" es "ahogado" con esto, incluso también el lactante.

El ejemplo de la confesión: Con las palabras absolutorias después de la confesión, nuevamente sería Dios quien perdona a través del sacerdote, y el que se ha confesado habría "fallecido" para el pecado, como a veces se dice.

Finalmente la comunión:
Durante la comunión, mejor dicho la eucaristía, se hace "presente" casi a diario la ejecución de Jesús. Se la interpreta como sacrificio de sangre para la expiación de la culpa humana, porque el dios que es enseñado en las Iglesias, antiguamente habría exigido sangrientos sacrificios de animales como expiación. Pero estos habrían sido reemplazados mediante el horrible y sanguinario sacrificio de su hijo. El pan y el vino, mediante este ritual serían transformados en la sangre y la carne de Jesús (Los católicos lo llaman "transubstanciación"), cuando un sacerdote pronuncia las establecidas palabras de la transformación. Aquí se presenta la pregunta: ¿No recuerda esto a las palabras mágicas de los cuentos de hadas y sagas? También esto sólo funciona cuando el mago o brujo pronuncia en forma exacta la correcta fórmula mágica. Con esto posiblemente, también sólo se trata de un abracadabra, más bien de un acto de magia circense; a no ser que alguien movilice en relación a esto, poderosas fuerzas mentales como por ejemplo, es usual en el culto vudú, que podría causar un efecto determinado. Pero este no sería consecuencia de unas palabras mágicas del ritual o del sacramento eclesial.

Durante el sacramento de la eucaristía, una simple oblea "transformada" en la carne de Jesús, el "cuerpo de Cristo", es comida por los fieles. Y esta ceremonia no es entendida como comerse simbólicamente el "cuerpo de Cristo, sino como una realidad. Si consecuentemente se le hace presente que según su propia creencia, habría comido como un caníbal, un trozo de "carne humana" entonces, en la mayoría de los casos lo negará, porque esta idea es siniestra. Y sin embargo es lógico. El cristiano Armin Meiwes que se hizo famosos como el "caníbal de Rotenburg", al comerse a su conocido Bernd Brandes, previamente matado por él, se sentía igual como durante la comunión que había realizado desde muchos años.

 

Misa de difuntos


De qué manera está relacionada la fe de la Iglesia a lo material y lo mortal se muestra además, que el ritual, mejor dicho el sacramento del "sacrificio eucarístico", también es ofrecido para los creyentes fallecidos, "y que todavía no están plenamente purificados", para que las almas católico-romanas "puedan entrar en la luz y la paz de Cristo" (Catecismo católico Nº 1371). Que el culto católico terrenal sería como un portero del más allá para abrir la puerta del purgatorio al reino de la paz, es para una persona que use su entendimiento, una "imaginación muy audaz", por decirlo de alguna manera. En una sociedad religiosa menos popular, esto sería denominado como una charlatanería y un cazabobos. Sin embargo, en el Catecismo de la Iglesia católica dice al respecto: "Creyendo que será de gran provecho para las almas, en favor de las cuales es ofrecida la súplica, mientras se halla presente la santa y adorable víctima" (Nº 1371).

Aquí no será discutido si una oración puede ser de alguna utilidad, en especial cuando se trata de una oración de corazón, que concuerde con la vida cotidiana del orador. Pero según la enseñanza católica, debe ser pronunciada exclusivamente durante la eucaristía, para alcanzar el "gran beneficio". A lo que puede llegar esto lo muestran por ejemplo, los llamados "contadores de almas" que existieron hasta hace poco en la Baviera católica y que el orador podía usar durante la misa de difuntos para el fallecido. Este instrumento indicaba la cantidad de rezos. Porque aquí vale el principio: Mientras más, tanto mejor. Esta manera de pensar les abre las puertas a los fanáticos y puede llevar a serias neurosis de obsesión. Porque, qué creyente en esto se atreva a decir cuándo es suficiente con los rezos.

 

El materialismo evangélico

 

La Iglesia evangélica enseña de manera interesante, que la misa de difuntos católica, es una "horrible idolatría" (Apología XXIV), "inútil y nada", una "indecible gran abominación". Y "por esto una inexpresable gran blasfemia, los obispos deben esperar terribles castigos de Dios" – palabras fuertes de la enseñanza del siglo XVI, vinculante oficialmente hasta hoy. Pero los actuales jerarcas evangélicos prefieren callar o negar esta y otras partes de sus confesiones de fe, para no disgustar a su Iglesia católica materna. En vez de esto se insinúan a la Iglesia católica-romana, para ser reconocida por esto, por lo menos como "Iglesia" (ver Der Theologe Nr. 16). Además precisamente los evangélicos, han llevado al materialismo hasta la cúspide. Mientras que la Iglesia católica ha dogmatizado por lo menos primordialmente, la inmortalidad del alma, en 1513, esta creencia no llegó a ser parte integrante de la enseñanza evangélica. Allí sólo se habla de "muerte y resurrección". Muchos obispos protestantes, teólogos y pastores, entre ellos "grandes" teólogos del siglo XX, rechazan expresamente la creencia de la inmortalidad del alma. Entre ellos Karl Barth ("Ningún alma permanecerá"), Eberhard Jüngel (Muerte como "Una inconsistencia totalmente desvinculante", Paul Althaus ("Cuando al alma le es tomado el cuerpo, entonces también es tomada a sí misma"). En vez de esto, destacados profesores protestantes defienden una "tesis de muerte total" y potencian con esto la posición del científico religiosos Hubertus Mynarek, que la fórmula "descanse en paz", al final no es más que otra palabra para la muerte fáctica. Sin embargo, en la Iglesia evangélica se añade que Dios resucita posteriormente al "muerto total" (por ejemplo, el conocido teólogo Werner Elert que especulaba: Si el alma fuese inmortal, la resurrección sería entonces solamente una, "la mitad de una obra"). ¿Pero que creyente evangélico tendría una buena sensación con una ruptura total de la vida? Esto así no puede ser cierto piensan también los protestantes creyentes. Y mientras que en el réquiem de la Iglesia católica por lo menos el alma aún está incluida, entre Lutero y sus partidarios, con un muerto ya no hay nada más que hacer. La muerte desde el punto de vista evangélico sería un "término definitivo" de toda decisión vital del hombre (Hans-Georg Pöhlmann, Abriss der Dogmatik, pag. 375), lo que también desde el punto de vista de la Iglesia católica, es cierto para aquellos a quienes no les es dada la "clemencia" del purgatorio, para posteriormente poder entrar en el cielo. Esta visión de lo "definitivo" culmina, según la enseñanza de ambas Iglesias, en la más cruel e invariable de todas las crueldades, la eterna condenación del terrible estado final, absoluto e invariable. Según Martín Lutero esto será el destino de la mayoría de los humanos, porque sólo unos pocos serán salvados. Con estas enseñanzas, católica y evangélica, aún se acrecientan más los temores de aquellas personas que están en contacto con el culto eclesiástico.

 

¿Dios también resucita las cenizas?

 

El materialismo de las Iglesias también se muestra en sus teorías del entierro y la resurrección. Hasta el 2° Concilio Vaticano (1962-1965), la Iglesia católica rechazaba la inhumación por cremación, porque no era posible imaginarse como Dios podría resucitar, el día del juicio final, al cuerpo reducido a cenizas y unirlo al alma. Hasta 1965 por lo menos, deberían existir huesos como base de partida para la reunión del cuerpo con el alma. Desde entonces la creencia ha evolucionado, por lo menos para que las cenizas se mantengan en su totalidad. Así las Iglesias en Renania del Norte-Westfalia, en el año 2003, hicieron reformar la nueva ley de defunciones, que debería posibilitar a los parientes, repartir las cenizas en un cementerio o guardarlas privadamente. Las Iglesias temían por ejemplo, la dispersión total de un ser humano "en la nada" o la repartición de las cenizas a varios parientes. Así el encargado de la Iglesia católico-romana Karl-Heinz Vogt, explicaba ante el gobierno de Renania del Norte-Westfalia al respecto: "El ser humanos fué llamado a la vida como un todo y como un todo también será devuelto a Dios – ya sea como un cadáver que es enterrado, y también como cenizas, que como un todo es devuelto a la tierra" (Mitteldeutscher Rundfunk 2003).

¿Entregar a Dios un cadáver o restos de cenizas? ¿Finalmente qué clase de imaginación es esto? El encargado evangélico ante el gobierno del Estado Federal incluso dió un paso más, él invocó en vísperas de la modificación de la ley, el peligro de que los parientes podrían "disolver en la nada a un ser humano". Sin embargo, es evidente que el protestante sólo proyecta sobre otros las desconsoladoras enseñanzas de su propia Iglesia. Ya que una mayoría de los teólogos evangélicos quiere, como se expuso, ver el alma del fallecido disuelto en la nada. "Ningún alma quedará", así el famoso teólogo Karl Barth.

Las dos grandes Iglesias identifican la esencia del hombre de una parte con el cadáver en putrefacción, o bien las cenizas mortuorias, que en derecho se puede hablar  de una enseñanza materialista de las Iglesias. En la literatura filosófica, a veces se habla de "materialismo vulgar", y también las Iglesias deben aceptar esta descripción.

 

El mensaje profundo de la psicología del crucifijo

 

El científico religioso Mynarek advierte, que las enseñanzas eclesiásticas de la resurrección de los cuerpos, es decir, de los cadáveres y posiblemente también de las cenizas (Hasta la asunción corporal de María al cielo, según la enseñanza católica) finalmente no son compatibles con el conocimiento original de la humanidad, referente a la inmortalidad del alma. Y así Mynarek: "Si (la Iglesia) fuese honesta consigo misma, ni siquiera creería en la resurrección de los muertos". Mynarek, en círculos eclesiásticos especialmente en los niveles jerárquicos, ha conocido a muchos dignatarios que no creían en la resurrección, aunque por razones obvias predicaban de forma distinta, durante la época que ejerció como decano de la facultad católica de teología. (compare con Hubertus Mynarek, Señores y peones de la Iglesia). Que la creencia de la resurrección es más bien un cuerpo extraño en las Iglesias, también se puede fundamentar psicológicamente. Allí no se muestra, o muy raras veces, al Jesús resucitado, sino generalmente el crucifijo con el Jesús moribundo. El papa por ejemplo, porta un crucifijo con un encorvado y moribundo Jesús en un bastón por delante, en forma demostrativa. Esto es parecido como en las tribus guerreras, que a veces llevan triunfantes delante de si, los cadáveres o las cabelleras de sus enemigos muertos. En primer plano, en la Iglesia el mensaje seria otro, a saber: "Así nos redimió Jesús". Un significado más profundo podría ser: "Así hemos vencido a Jesús".

A esto cabe que las Iglesias muchas veces han transformado las enseñanzas de Jesús en lo contrario. Y si Jesús les hablara a las Iglesias y no estuviera "colgando muerto en una cruz" o, más o menos "descansando en paz" ¿Qué diría a los jerarcas eclesiásticos? "Hipócritas, generación de víboras, sois semejantes a sepulcros blanqueados" Con palabras como estas y otras parecidas enjuició a los teólogos y escribanos de su tiempo ¿Hablaría hoy de otra manera?
 

Una religión de la carne

 

En su Catecismo la misma Iglesia católica explica cuán importante es  lo carnal. Así la declaración de fe Nº 1015 dice: "Caro salutis est cardo" ("La carne es soporte de la salvación") (Tertuliano, res., 8, 2). Creemos en Dios que es el creador de la carne; creemos en el Verbo hecho carne para rescatar la carne; creemos en la resurrección de la carne, perfección de la creación y de la redención de la carne." Esta confesión de fe suena casi como un conjuro. Y desde el punto de vista científico religioso, la fe católica-romana es fácilmente comparable con las prácticas del Vudú. Piénsese en los tiempos recientes por ejemplo, en el afán de extraerle el corazón al fallecido Juan Pablo II y exponerlo como reliquia en Polonia. Con el hombre de Nazaret al cual se refiere, todo esto no tiene la más mínima relación. Jesús no enseña ningún culto de sacrificios. Igual que como los grandes profetas antes de él, la idea del sacrificio sangriento y el culto le eran una abominación; a los mercaderes de los animales para el sacrificio, los echó del templo. Jesús, según los relatos predominantes de los evangelios no vino a la tierra, para dejarse sacrificar, sino que junto con sus seguidores construir el reino de la paz, el "reino de Dios" en la tierra. En el evangelio de Mateo se le llama el "reino celestial". El se transformó en la victima, cuando los hombres lo abandonaron. Y en la "última cena" con sus apóstoles tampoco impuso un culto, sino que pidió que con cada comida y bebida pensaran en Él. Aquel que donó su vida como la madre tierra se da a los hombres con sus dádivas. Jesús tampoco enseñó coleccionar y venerar a reliquias, y menos aún, enseñó que a Dios hay que devolverle cadáveres y cenizas. "Hoy estarás conmigo en el paraíso" consoló al hombre que fué ejecutado junto a él, y no fabulaba – como los teólogos evangélicos de hoy  de sólo una eminente y exclusiva "inconsistencia totalmente desvinculante". La Iglesia ha prometido el paraiso muchas veces en otros lados – en especial a aquellas personas que durante siglos y por millones, los han abocado a guerras y a la muerte, mientras que Jesús enseñaba amar también al enemigo y advirtió. "El que tomare la espada, por la espada morirá". Y aquel que aunque haya guardado sólo una pizca de entusiasmo por el hombre de Nazaret, ese con seguridad no podría aceptar, que instituciones eclesiásticas invirtieron muchas veces sus enseñanzas en lo contrario, y hacer un mal uso de su nombre para sus cultos paganos materialistas.
 

 

Sacerdotes como mensajeros de la muerte  

 

Miedo ante la "extremaución"


Al igual que los otros rituales de las Iglesias, más bien los sacramentos, aquí también mediante la acción externa de la "extremaución" en el moribundo, se quiere conseguir algo en lo interior. "Mediante esta santa unción y mediante su clemente misericordia te perdone el Señor, tus pecados …" suena una posible formulación que le pronuncia un sacerdote al agonizante. O sea que aquí no tiene lugar un perdón de persona a persona – sobre el arrepentimiento, pedido de perdón, reparación y no volver a repetirlo – sino que la remisión se produce supuestamente, por el aceite de oliva "bendecido" por un obispo. Un católico:
"puede recibir la Santa Unción, y también cuando después de haberla recibido, la enfermedad se agrava." Catecismo católico (Nº 1529), teóricamente esta "unción de los enfermos" también debería ayudar a la sanación del enfermo. Prácticamente una gran parte de los católicos aplazan este sacramento hasta los últimos minutos de su vida terrenal, y cuando llega el cura con frasco del aceite, generalmente el moribundo ya está en estado inconsciente. Por esto la gente aún hoy en día habla acertadamente del la "extremaución": Cuando el sacerdote está en la puerta con el frasquito de aceite, "entonces llegó el momento". El cura es entonces visto como el mensajero de la muerte o incluso como personificación de la muerte. Miedo y desesperación se han unido ya muchas veces con este sacramento – entre los parientes o ante el moribundo. Y muchos católicos también sospechan que a la persona agonizante no le espera el paraíso al otro lado, sino – como ya en parte en esta vida – simplemente la cosecha de su siembra. El Catecismo católico sin embargo, escribe: "Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrenal, un sólido puente levadizo para entrar en la Casa del Padre, defendiéndose en los últimos combates" y "nos iguala definitivamente a la muerte y la resurrección de Cristo" (Nº 1523), el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo (Nº 1521), y el enfermo participa "en la obra salvadora de Jesús" (Nº 1521).

Que este "sólido puente levadizo" podría ser nada más que la parte de un castillo levantado en el aire, se puede vislumbrar con el dificultoso morir de muchos cristianos  fieles, aún cuando no sea demostrable. Que el sufrimiento de cada católico agonizante, independientemente si fué bueno o malo, denominarlo como "participación en la obra salvadora de Jesús", evidentemente es un uso grosero de Jesús, el Cristo. E incluso con personas íntegras, se debería ser muy cauteloso de poner al mismo nivel su destino, con el destino de Él. Para acercarse realmente a Él, el ser humano debería terminar con la parafernalia y el escamoteo en su nombre y buscarlo sin aceite y hostias pero sí, de corazón. Pero mientras se quiera seguir formando un "sólido puente levadizo" de aceite de oliva y nada desde una unión intima con Dios hacia los hombres y la creación de Dios, mientras tanto abiertamente o en forma subliminal, permanecerá el miedo cuando entra en la habitación el mensajero de la muerte con su traje de cura.
 

 

Amenaza de castigo a padres jóvenes

 

Aquel que no bautizare a su lactantante por la Iglesia …


La necesidad y el infortunio siempre fueron un buen caldo de cultivo para la Iglesia, para encontrar atención entre las personas, con sus ofertas de salvación. Y estos obedientes, pagaron sus impuestos eclesiásticos y se fiaban de las promesas de salvación de la Iglesia: El que cree y es bautizado este será "bienaventurado", se dice por ejemplo en las Iglesias, donde por medio de la actuación del pastor o cura, en el bautismo eclesiástico del lactante, aparentemente actuaría Dios y durante la celebración del sacramento eclesiástico, acepta al lactante. ¿Pero, qué clase de Dios es aquel que supuestamente no acepta a los niños no bautizados, como lo hace con los bautizados y que en caso de su muerte los deja eternamente en el llamado "limbus infantium" (El lugar para niños fallecidos no bautizados), como lo enseña la Iglesia católica desde hace siglos? En este "lugar para niños fallecidos no bautizados" los niños sin embargo, no sufrirían castigos por pecados, pero estarían eternamente excluídos de la contemplación de Dios, lo que en la Iglesia vale como la forma más benigna del infierno. Con esta malévola intimidación, la Iglesia  católica obligó durante siglos a los padres al bautismo de sus lactantes. Tanto por la exigencia de la Iglesia católica como también de la Iglesia evangélica, muchos que no se dejaron intimidar fueron ejecutados. Así por ejemplo, una consideración del reformador Philipp Melanchthon por encargo de la universidad de Wittenberg en el año 1536, que los "tercos también sean ejecutados". Esta consideración fue establecida con el acuerdo de Martín Lutero.

 

Sin embargo, el estado pone límites a la Iglesia sobre las pretensiones de dominio sobre la vida y la muerte, pero el terror de la tradición aún afecta a muchas personas. Para atenuar este aspecto, le da crédito al espíritu de la época, y mientras tanto le encomienda los niños fallecidos no bautizados a la "misericordia de Dios" (Catecismo católico  Nº 1261). Con esta formulación deja conscientemente abierto, si su Dios tendría la posibilidad de un camino de salvación para estos niños. Para los no bautizados, esto es aún suficientemente grave. Adicionalmente, se amedrenta aún más a los padres que no quieren bautizar a los recién nacidos. Ellos estarían "impidiendo" que sus hijos vengan a  Cristo (Nº 1261). "Los padres están obligados en ocuparse de que sus hijos sean bautizados dentro de las primeras semanas, en lo posible poco después del nacimiento" dice la ley canónica de la Iglesia católica Corpus Iuris Canonici (CIC Can. 867). El fundamento se encuentra nuevamente, en el catecismo. Los niños también necesitan el "nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios … la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento" (Nº 1250). Si los padres ven esto de otra manera son "herejes", porque en el catecismo dice: "Se llama herejía la negación pertinaz después de haber recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica" (Nº  2089). A la cual también pertenece la necesidad  del bautismo de bebés, para que estos alcancen la salvación total. La consecuencia de esta negación o de la "persistente duda" se encuentra en Can. 1364 del CIC: "El apóstata [Quien rechaza totalmente la fe católica] se hace mérito del castigo de la excomunión." Y una falta que es castigada con la excomunión, es considerada un "pecado grave" y esto a su vez, trae como consecuencia la eterna condenación (Josef Neuner, Heinrich Roos, La fe de la Iglesia en los certificados y en los anuncios de las enseñanzas, revisado por Karl Rahner y Karl Heinz Weger, edición 13, Regensburg 1992, pág. 410), razón por la cual, la Iglesia también aplica el castigo en caso de peligro de muerte (CIC, can. 1335).

¿Pero qué sucede si un católico bautiza a su hijo en el credo evangélico si por ejemplo, la pareja es evangélica? A ello se dice oficialmente: "Los padres o quienes hacen sus veces, que entregan a sus hijos para que sean bautizados o educados en una religión no católica, deben ser castigados con una censura u otra pena justa" (CIC, can. 1366), al miembro de la Iglesia se le deja con la duda sobre la gravedad del castigo, lo que puede provocar miedos adicionales. Una medida forzosa, especialmente dura es la obligación para los católicos, bautizar un bebé en peligro de muerte – bautizo de emergencia – Literalmente dice: En peligro de muerte todo niño puede ser bautizado, aún contra la voluntad de sus padres (can. 868 § 2). En nuestros tiempos, todos estos contenidos de fe raras veces son mencionados. Así por ejemplo, en el catecismo no aparece literalmente que a una excomunión, le antecede un "pecado grave". Pero naturalmente se presupone. Ya que en la confesión de fe sólo se diferencia entre dos tipos de pecados. Literalmente dice:. "La distinción entre pecado mortal y venial perceptible ya en la Escritura, se ha impuesto en la tradición de la Iglesia" (Nº 1854), donde ya sólo el apartarse del dios de la Iglesia y prefiriendo un "bien menor" es un pecado mortal (Nº 1855). Antes se mandaba ejecutar a miles de personas por esta razón. Pero de las distintas atrocidades, hoy se prefiere hacerlas ver como "misterios de Dios", en vez de llamarlas por su nombre. Porque de lo contrario, muchos mas contemporáneos reconocerían, de qué forma a las personas se las mantiene en la fé religiosa mediante la intimidación, el miedo y la dependencia.

 

Epílogo: A todos los lectores a quienes aún hoy la Iglesia los tiene atemorizados, se les dice: "Muchos buscadores honrados de Dios atestiguan – la enseñanza de la Iglesia es completamente absurda. Ella no tiene ningún poder sobre aquel que se distancia de ella. Aquel que sigue siendo miembro de la Iglesia, coopera en seguir llevando el terror a las generaciones siguientes. Por esta razón, el vidente Juan en su revelación del último tiempo, advierte de abandonar a la "prostituta de Babilonia" que ha fornicado con los "reyes de la tierra" (Biblia, Apocalipsis 18). ¿Acaso esta descripción no cabe muy bien a las Iglesias, que en todas las épocas se han unido a casi todos los poderes políticos? Incluso las "siete colinas" en las cuales está sentada la  "prostituta" concordarían con las siete colinas de Roma, que rodean al Vaticano. El vidente Juan dice: "Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas" (Apocalipsis 18, 4).   


 

Links:
 El Espíritu Libre
Editorial Gabriele La Palabra

 

El texto se puede citar como sigue:

Revista "Cristianos libres por el Cristo del Sermón de la Montaña", editor Dieter Potzel, edición Nº 6: ¿La muerte - y entonces qué? El secreto de la Iglesia y una mirada detrás del banco de niebla, Marktheidenfeld 2004, citado según www.theologe.de/muerte.htm, redacción del 23.4.2009

 

 

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