Cristianos libres por el Cristo del Sermón de la Montaña
Información Nº 1


Dios no vive en iglesias de piedra

Por esto salga usted de ella, usted no está solo


"Si no usan sus ojos para ver, los necesitarán para llorar." (Jean Paul Sartre)

 

Jesús de Nazaret dice: "El Reino de Dios está en vosotros". (Lucas 17, 21)

En el Sermón de la Montaña Jesús enseña: "Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público". (Mateo 6, 6)

 Pablo explica: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?". (1 Corintios 3, 16)

Pablo también enseña: "Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos". (Hechos 17, 28)

El cristiano originario Juan escribe: "Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él". (1 era de Juan 4, 16 b)

Y el apóstol Esteban advierte: "El Altísimo no habita en templos hechos a mano, como dice el profeta (Isaías 66, 1 -2): ´El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?`, dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, y incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros" (Hechos 7, 48-51). Inmediatamente después de estas palabras, los sacerdotes lo hicieron matar.

Estos "padres" de los sacerdotes, de los cuales habló Esteban, hicieron construir dos veces un templo de maderas nobles y piedras e inventaron un culto cruel con el sacrificio de miles de animales inocentes. Aparentemente, el rey David, hijo de Salomón, habría recibido de "Dios" el encargo de construir el primer templo. ¿Pero de qué dios?
El propio David quiso construir
él mismo una casa como esta. Pero un profeta intervino, y en el 2º libro de Samuel dice: "Aconteció aquella noche que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo:
´Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ´¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?`". (2ª Samuel 7, 5-7)
Y por un profeta  también le fue comunicad
a
a David la siguiente palabra de Dios: "Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa" (Versículo 11 b). El propio David iba a ser un digno "templo de Dios", en cuyo corazón puede vivir Dios.

 

Preámbulo
¿Dónde vive Dios?
De la "secta" católica a la brutal Iglesia de poder
Las iglesias no son casas de Dios
Oraciones del corazón y no sacramentos
El frío horro
r de la suntuosidad
¡Salid de ella, pueblo mío!
De la involuntaria cristianización hacia la libertad
El viento que canta
Dios está en nosotros
La alimentación de los sacerdotes
¿Dios creador o
dios eclesial?


Preámbulo

¿Debo hacerlo o no, salirme de la Iglesia –sí o no? ¿Qué es lo que realmente quería Jesús? Él no quería un Estado enredado con Iglesias. Él ni siquiera quería una iglesia hecha de piedra con pastores, sacerdotes, púlpitos, dogmas, altares y ceremonias. Y tampoco la enseñanza eclesial concuerda con Jesús, y su sangrienta historia es lo contrario de lo que Jesús quería.

Entonces, para aquel que quiere darle la espalda a la Iglesia, pero quiere seguir fiel a Dios, Jesús, vale lo siguiente: "¡Dios sí, Iglesia no; con esto usted no esta solo!". Ya en la Biblia, en las revelaciones de Juan, dice: "Salid de ella, pueblo mío" (18, 4) –se refiere a la salida de la "prostituta Babilonia", que según la interpretación de muchos conocedores de la Biblia, es un símbolo de la Iglesia. Con los impuestos* que usted ahorra, usted podría hacer mucho bien, a gusto suyo –y justamente aquello que usted considera que tiene sentido. Su dinero entonces ya no fluirá a la gran olla de la Iglesia, en la cual muchos meten la mano, y a quienes usted no quiere apoyar.

* Impuesto a favor de las dos grandes Iglesias (la católica y la luterana protestante), que se paga en Alemania y Austria

Usted no necesita una bendición eclesial para su casamiento, para que un matrimonio que funcione y tampoco un sacramento de unción para su salvación en el momento de su muerte. La enseñanza de la condenación eterna no es de Jesús, sino un engaño de las Iglesias para atemorizarle a usted (ver http://www.theologe.de/no_condena-eterna.htm). Usted también puede ahora  terminar ahora con todo esto. Tampoco hay cuidado con el entierro, ya que uno recibe una ceremonia de despedida de parte del instituto funerario (Más información en www.wuerdige-bestattung.de [Aún no disponible en español]). Y si usted ya no bautiza más a sus hijos, les dispensa un muy buen servicio. Pues les respeta su libertad. Y así hace lo que Jesús quería: "Primero enseñad y luego bautizad". Una vez que los niños hayan recibido alguna enseñanza, ellos mismos pueden decidir si se quieren dejar bautizar eclesiásticamente o no. La Iglesia ha cambiado este mandamiento de Jesús, como otros tantos, en lo contrario y enseña: "Primero bautizad y hacedlos miembros de la Iglesia, y luego enseñad".

¿Aún no está convencido? ¿O le gustaría saber más sobre los trasfondos o las consecuencias de una desafiliación? ¿O cómo la Iglesia ha obtenido el poder sobre todo el Occidente? ¿O si tal vez usted se pregunta: Si Jesús no quería una Iglesia, que es lo que quería entonces?

Entonces siga leyendo.

¿Dónde vive Dios?

Hoy en día en casi todas las ciudades y pueblos de Occidente hay iglesias hechas de piedra. Aquel que quiera saber más sobre el trasfondo de esto, se puede preguntar: ¿Por qué fueron construidas en tiempos pasados y por qué todavía las visitan muchas personas? Porque en ellas, se dice, se pueden celebrar servicios divinos, o sea misas. Pero en esto no es posible referirse a Jesús de Nazaret. Él no quiso que se construyeran iglesias de piedra, tampoco quería sacerdotes ni pastores. Los primeros cristianos se llamaban entre ellos simplemente "hermanas" o "hermanos", y se reunían en salas sencillas. Ellos no necesitaban iglesias ostentosas, ya que ellos mismos se consideraban el templo de Dios, y el Espíritu de Dios "vivía" en ellos (por ejemplo Lucas 17, 21 y 1ª  Corintios 3, 16). Y tampoco necesitaban a "representantes de Dios", pues Dios estaba representado en cada uno de ellos, y Él siempre estaba presente, y jamás había que esperar a un sacerdote. Los cristianos originarios tampoco se vestían de forma diferente al resto del pueblo, y donde ellos no había superiores ni subalternos; no había separaciones entre "clérigos" y "laicos", entre sacerdotes y el pueblo. Jesús tampoco enseñó un complicado sistema de dogmas y sacramentos, sino que su mensaje fue tan simple que un niño lo podía entender: "El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado" (Marcos 1, 15). Lo que muchos profetas predijeron, ya se debía realizar en aquel entonces –el comienzo del Reino de la Paz. Jesús lo llamó "Reino de Dios" y el evangelista Mateo usa la expresión "Reino celestial".

Este Reino de Paz debería tomar primeramente forma en el corazón de las personas, pues "el Reino de Dios está dentro de vosotros" (Lucas 17, 21). Al inicio es comparable con un grano de mostaza. "Pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas" (Mateo 13, 32).

En el Sermón de la Montaña está resumido lo más importante de la enseñanza de Jesús, y aquel que vive según esto, en él de a poco se erige el reino de Dios: "todas las cosas que queráis que los hombres hagan a vosotros, así también vosotros hacedlas a ellos" (Mateo 7, 12), así suena la Regla de Oro, ya que se expresa por el proverbio: "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti", Y Jesús sigue enseñando: "Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver bien para sacar la astilla del ojo de tu hermano" (7, 5). Y: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen" (5, 44). Y: "No os hagáis de tesoros en la tierra" (6, 19) y muchas otras cosas más. Sin embargo, las Iglesias sostienen que el Sermón de la Montaña es una utopía, acumulan tesoros, bendicen armas, reclaman privilegios exclusivos de parte de los gobiernos y exponen hasta hoy el cadáver de Jesús en un crucifijo. Pero Jesús no estuvo en la Tierra para hacerse ejecutar. Se transformó en víctima cuando sus contemporáneos se volvieron contra él, es decir, lo abandonaron. Y para distraer el fracaso de los seres humanos, la Iglesia posteriormente enseña que Dios supuestamente habría necesitado esa brutal ejecución para poder abrir el cielo a los creyentes.

De la "secta" católica a la brutal Iglesia de poder

Muchos se lamentaban cuando Jesús fue ejecutado, ya que antes había curado a muchas personas. Y él nos enseñó con su ejemplo cómo se puede encontrar a Dios en el propio corazón, de manera que se hizo evidente que los sacerdotes estaban de más. Es comprensible entonces por qué Jesús encontró resistencia de parte de los sacerdotes y escribas de aquel entonces.

Pero los sacerdotes y escribas después de algún tiempo volvieron a revivir en el cristianismo de los primeros tiempos, falsificaron la enseñanza del hombre de Nazaret y transformaron al carpintero de Galilea en un nuevo sumo sacerdote (por ejemplo Epístola a los Hebreos 7-10). Y ya al comienzo del siglo II ya no se habla del cristianismo originario, sino del "catolicismo prístino". Después de un corto tiempo la "secta" católica ya se había separado de la corriente viva del cristianismo original; a partir del año 313, el Estado, bajo el emperador Constantino, le otorga cada vez más privilegios que a las demás religiones y desde el año 324 el mismo Constantino ya es miembro de esta religión. En el concilio de Nicea en el año 325 el emperador impone que el dios principal del Imperio Romano se compone de 3 "personas", que estarían unidas en un mismo "ser", aunque cada una de esas tres "personas" -denominadas Padre, Hijo y Espíritu Santo- en un sentido general y completo serían "Dios". Y en el año 326 el emperador comienza con la persecución de los cristianos originarios que se desvían del catolicismo, como por ejemplo los "novacianos", "marcionitas" o "montanistas", como son llamados por los católicos. Estos nombres son conceptos de burla, algo pensado con referencia a los cristianos allí responsables (por ejemplo Marcion o Montano), y desde entonces la Iglesia siempre comenzó una persecución ridiculizando primero a sus posteriores víctimas. En aquel entonces, en el año 326, en la tal llamada "ley herética", se dictó primeramente una prohibición para reuniones públicas y privadas de estos grupos. Si alguien ahora ponía a disposición un lugar o una sala a los cristianos originarios o a grupos semejantes, la casa de aquel era confiscada a favor de la Iglesia católica ‒"sin posibilidad de una apelación y prorroga de tiempo"‒, o a las autoridades de impuestos estatales (Eusebio, Vida de Constantino, citado según Adolf Martin Ritter, Iglesia Antigua, Neukirchen 1977, pág. 139). En cambio, el emperador fomenta, por ejemplo, la construcción de iglesias según el modelo de las basílicas greco-romanas. Hasta ahora existían basílicas para servicios estatales, autoridades, justicia, cultos imperiales, etc. Ahora a esto se agregan las basílicas de la secta estatal católica. Estas desde el comienzo están divididas en dos ámbitos, uno para los sacerdotes y otro para el pueblo. Paralelo a esto todos los sacerdotes católicos son liberados de "todos los servicios estatales", como hasta ese momento también los sacerdotes paganos y judíos, los cuales prontamente serán perseguidos. También ahora los jueces estatales, desde el año 326 deben subordinarse a los juzgados obispales católicos (Codex Theodosianus 16, 2, 2 y 1, 27, 1,  citado según Ritter, pág. 125). Y en el año 347 el Padre de la Iglesia y senador Iulius Firmicus Maternus da el siguiente paso, que ahora correspondía desde el punto de vista católico-romano: Él exigió de los emperadores Constantino II y Constancio la exterminación de las antiguas religiones paganas: "Estas prácticas deben ser cortadas de raíz, extirpadas y detenidas, santísimo emperador …", así el católico de mayor influencia en el imperio romano después del obispo de Roma. Y la exigencia de "exterminación" de parte de Firmicus Maternus se ha mantenido como válida hasta ahora en el credo de la Iglesia católica romana (ver Neuner/Roos, La fe de la Iglesia, Nº 382) Maternus: "Dejad tostar a estos dioses por las llamas de vuestros hornos de fundición. También poned a vuestro servicio todas las dávidas del templo y ponedlas bajo vuestro control. Con la destrucción de los templos habréis hecho más progresos en la virtud divina … es la ley del supremo Dios la que os compromete … Deuteronomio 13, 6-11.13-19 …" [Traducción no oficial del traductor], así este Padre de la Iglesia (que presumiblemente no es idéntico al Materuns, primer obispo de Colonia y Tréveris, quién habría fallecido en el año 328 y cuyos huesos se guardan como reliquia en Tréveris, así como su báculo obispal que es honrado en la cámara del tesoro de la catedral de Colonia) (K. Ziegler, I. Firmicus Maternus, De errore profanorum religionum, BT, 1908, citado según Ritter, pág. 151). Los emperadores por de pronto están indecisos. Sin embargo, Constancio ordena ahora formalmente cumplir con la voluntad de la Iglesia, pero aún las autoridades estatales vacilan con la ejecución de las órdenes de exterminación. Esto solo cambia con el emperador Teodosio en el año 380, quién eleva ahora a la secta católica-romana al estado de única religión estatal. y cuyo manifiesto llega a ser la Biblia latina revisada por el padre de la Iglesia Jerónimo (llamada hasta hoy "Vulgata" ver El Teólogo Nº 14). En sus reuniones, los católicos habían adaptado mientras tanto las prácticas y ceremonias que habían sido usuales en los antiguos templos judíos, y que en ese entonces lo eran en los cultos paganos, antes de que estas fueran "exterminadas" por el nuevo catolicismo estatal. Detrás de barreras que no pueden ser traspasadas por el pueblo, ahora celebran sus ritos los sacerdotes católicos. Y allí donde había gobernado el emperador, rige el obispo de Roma. Y su trono obispal no raras veces es colocado sobre la cripta que contiene los huesos de su antecesor.

La elevación de la Iglesia católica romana a única religión estatal

El emperador Teodosio I declaró al catolicismo en el año 380, en el edicto de Tesalónica, como única religión del Estado. A los no católicos se les anunció la pena de muerte. En el edicto se dice textualmente:
"Ordenamos que aquellos que sigan esta ley han de adoptar el nombre de cristianos católicos; por su parte los otros, a los que declaramos que son locos y alienados, tienen la vergüenza de ser llamados herejes. A sus reuniones no deben llamarlas iglesia. Primero tienen que tocarlos la venganza divina, después el castigo de nuestra ira, para lo cual recibimos el poder del veredicto divino".

Nada de esto quiso Jesús, y esto se ha convertido hace tiempo en lo contrario de su mensaje. Bajo la nueva dictadura católica romana impuesta por el Estado, ya no solo sufren seres humanos, también lo hacen los animales, apreciados por Jesús y los antiguos filósofos griegos y romanos, que ahora se declara que no tienen alma, y que son expuestos sin protección a la brutalidad humana (ver El Teólogo Nº 7, capítulo 4). Sin embargo, quién señala las contradicciones con el cristianismo original o aquel que quiere seguir con su antiguo credo pagano, pronto arriesgará su vida. Pues a partir del año 380, cuando el emperador Teodosio I declara al culto idólatra católico romano como única religión estatal, rige al mismo tiempo la pena de muerte para todos los no católicos, y en especial para aquellos que no querían creer en la construida enseñanza de la "trinidad", en el concilio de Nicea del año 325. En la nueva ley estatal para el imperio romano se puede leer a partir de ahora: "Todos los pueblos … deben …, según la doctrina apostólica y enseñanza evangélica creer en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo bajo el concepto de igual majestad y de la piadosa Trinidad. Ordenamos que aquellos que sigan esta ley han de adoptar el nombre de cristianos católicos; por su parte los otros, a los que declaramos que son locos y alienados, tienen la vergüenza de ser llamados herejes. A sus reuniones no deben llamarlas iglesia. Primero tienen que tocarlos la venganza divina, después el castigo de nuestra ira, para lo cual recibimos el poder del veredicto divino"". (Fuente: Historia de la Iglesia - Edad Antigua)

Las iglesias no son casas de Dios

Todo esto es la tradición en el Occidente cristiano eclesial y del belicoso emperador Constantino; a propósito, este también mandó ejecutar a su esposa Fausta y a su hijo Crispus, y más tarde, por sus méritos en beneficio de la Iglesia, es canonizado por esta. Y el emperador Teodosio I recibe de parte de la Iglesia el apodo "el grande". A esta altura una pregunta aparte: ¿Usted también lo ve así? ¿Y quiere seguir participando de estas tradiciones y perteneciendo a ellas?

La Iglesia recalca siempre en cada ocasión su tradición, que es legada de una generación a la otra. Pero en las personas surge cada vez más desconfianza frente a estas tradiciones. Y muchos se llegan a sentir incómodos cuando ponen su pie en una iglesia.

Un ejemplo: Desde 1988 hasta 1992 fui pastor de la Iglesia evangélica-luterana en Alemania. Poco después de haber dado término a mi relación de trabajo, en 1992, me salí de la Iglesia. Que yo me haya hecho pastor, tenía que ver con que ya cuando terminaba mis estudios escolares quería seguir a Jesús de Nazaret, al igual como lo quiero hacerlo en la actualidad. Hoy sé que un estudio de teología no es en el sentido de Jesús, pero en aquel entonces esto aún no lo tenía claro –a pesar que ya en aquella época era un buen visitante de la Iglesia. A la compañía de correligionarios prefería la de grupos juveniles y círculos hogareños. Durante mis estudios aprendí que en el cristianismo originario esto era igual. Uno se reunía en casas, y en Roma quizás en túneles subterráneos, porque allí se estaba protegido de las persecuciones.

Y Jesús de Nazaret incluso dijo: "Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar la cabeza" (Lucas 9, 58). Esto también significa para él y sus sucesores que no existe un lugar fijo en la Tierra que prefirieran tener como "patria". Dios se encuentra allí donde "dos o tres se reúnen" en su nombre y en su espíritu. Y hay que hablar con él en su propio "cuarto", esto es, en el "aposento tranquilo" del propio corazón (Mateo 6, 6). Si Jesús hubiera querido iglesias hechas de piedra, solo habría tenido que decirlo, y una declaración como esta seguramente la Iglesia no la habría ocultado o falsificado.

Si yo puedo hablar con Dios en mi propio corazón, ¿qué son entonces los edificios eclesiales? Al menos no son casas en las que vive Dios. En tiempos de Jesús tampoco existieron, sin que haya faltado algo esencial. Sobre esto los hombres de Iglesia responden regularmente que Jesús habría considerado y usado los templos y sinagogas de los judíos bajo todo punto de vista como casas oficiales de Dios, y que la Iglesia posteriormente habría construido casas de piedra similares. En realidad, para esto se tuercen algunas partes de la Biblia en este sentido y se ignora lo verdadero. Así, por ejemplo, Jesús de Nazaret habría leído de las escrituras en la sinagoga de Jerusalén, o habría dicho como niño de doce años, "¿No sabíais que me es necesario estar en los asuntos de mi Padre?", si con esto se hubiera referido a un templo de piedra, difícilmente el siguiente versículo 50 diría lo siguiente: "Mas ellos no entendieron las palabras que les habló". Ya que el templo valía oficialmente como "casa de Dios", y Jesús solamente habría repetido lo que de todos modos pensaban todos los creyentes. Por qué dice entonces "ellos no entendieron las palabras". Incluso el evangelista Lucas no era consciente de que el joven Jesús pensaba en una cosa totalmente distinta. Y con muchas probabilidades se refirió al fonde de su corazón, donde estaba unido a Dios, como lo enseñó también posteriormente. En esta posición también pudo él enfrentarse a los sacerdotes de aquel entonces. Y el tema se hace actual nuevamente poco antes de su ejecución, cuando "testigos" lo inculpan de haber dicho: "Este dijo: Yo puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo" (Mateo 26, 61). Nuevamente la pregunta: ¿Qué es el "templo de Dios"? En el evangelio de Juan se da la respuesta a esta pregunta, donde dice literalmente: "Mas él hablaba del templo de su cuerpo" (Mateo 2, 21). Luego Dios vive en él y quiere permanecer allí. Y así lo transmite por ejemplo más tarde Pablo para todos los cristianos, cuando escribe: "¿No sabéis que sois el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (palabra destacada por la redacción) (1ª  Corintios 3, 16). Pero los hombres de Iglesia por lo menos en la cita de Jesús de Isaías 56, 7. "Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" (por ejemplo en Lucas 19, 46), creen encontrar un argumento, olvidando todas las demás citas bíblicas para así justificar las ostentosas iglesias. Aquí se trata de la comercialización de animales para posteriores sacrificios en el templo de Jerusalén. Pero la palabra profética citada por Jesús está ligada a un contexto totalmente diferente. Detrás de esto se encuentra la visión de una casa de oración en el monte de Zion, donde muchos pueblos y "paganos" están unidos en la oración (por ejemplo Isaías 2, 1-5). Esta debería ser una gran sala arreglada en forma práctica.

En Isaías tampoco se menciona un majestuoso templo con culto, arte, oro y pompa. Y en especial nada de que se deba masacrar a pueblos extraños y robarles sus tesoros, como lo promovió, por ejemplo, la Iglesia católica romana con los indígenas de América, cuyo oro fue fundido y cubre por ejemplo hoy el espléndido altar de la iglesia católica en Sevilla y otras iglesias más. Sin embargo, ni la suntuosidad ni su brutal rapiña tienen que ver algo con Dios o Jesús. De este modo Esteban, seguidor de Jesús, cita al profeta Isaías con las palabras: "El Altísimo no habita en templos hechos a mano, como dice el profeta (Isaías 66, 1 -2): ´El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?` dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?" (Hechos 7, 48-51) Nosotros mismos, es decir, nuestros cuerpos, son los "templos del Espíritu Santo", o sea, los templos de Dios, como dice Pablo, en concordancia con Jesús,  e incluso lo repite en su primera epístola a los Corintios (según 3, 16 y nuevamente en 6, 15-19). Y así también Jesús dice en forma simple: "El reino de Dios está en vosotros" (Lucas 17, 21), lo que las Iglesias, para encubrir, traducen más a su gusto con "entre vosotros". Pero el griego "entós", del texto original griego, en primera línea significa "en" o "dentro de".

Resumiendo se podría decir quizás: Hermosos y sencillos cuartos de rezar, para todos los hombres de buena voluntad, donde se pueda entrar perfectamente en el templo de su propio interior –esto fue los que los profetas del Antiguo Testamento y Jesús de Nazaret aprobaban, pero no suntuosas construcciones humanas, que solo fueron erigidas supuestamente en honor de Dios, pero en realidad sí en honor al ego humano, por ejemplo el caso de un propietario obispal, quién por ejemplo vejaba hasta la muerte a cientos de esclavos o siervos por una fastuosa iglesia. +++++

Y "Dios habla en el lugar de trabajo; en el metro; en el bosque" así ya escribí yo como alumno de 18 años, medio año antes del comienzo de mis estudios teológicos evangélico-luteranos. A la sazón agregué que Él también podía hablar en una iglesia. Pues como futuro pastor, para mí era previsible que tarde o temprano tendría a dar mi primer sermón en una de estas casas. Y así comencé entonces a arreglármelas con la tradición eclesial.

Un segundo ejemplo para el conflicto que hay con la tradición eclesial, que es especialmente inevitable para la juventud abierta: En una semana de retiro para jóvenes en un convento, en el cual participó una amiga mía, todos los participantes debieron redactar una confesión de fe propia y presentarla durante una misa. Dios se encuentra en una flor; en una mariposa; en un gato; sobre una montaña; en la profundidad del mar, así escribió mi conocida, e incluso en una hierba o en un guijarro. Todo está "muy bien", así la evaluación del sacerdote católico, quien "ajustó" los aportes en forma correspondiente: Dios ha creado todo esto, pero no se encuentra allí "dentro".

Como alternativa, la Iglesia ofrece el ostensorio, ese recipiente de exposición en el cual el sacerdote p. ej. en la procesión de Corpus Cristi lleva delante de sí una hostia "consagrada" y con esto, según el precepto católico, el cuerpo del Hijo de Dios.

También esta joven pasó por los molinos eclesiales y comenzó con el estudio de teología católico. Posteriormente se salió de la Iglesia y con esto concordó con su vivencia juvenil, donde había seguido su fina apreciación, antes de que le fuera inculcado el conocimiento eclesial intelectual por "vigilantes de de la enseñanza eclesiástica". Desde el punto de vista de ella, "se abusa gravemente de la confianza de los desprevenidos jóvenes".

Después de haber dado la espalda a la Iglesia ya hace algunos años, con sorpresa me di cuenta que ya como alumno en parte había pensado sobre esto como lo hago ahora. También tuve que reconocer que yo en todos estos años, como estudiante de teología y como teólogo, tuve que caminar por muchos desvíos para poder seguir perteneciendo a la Iglesia. A pesar de esto, gracias a Dios no me había abandonado mi capacidad natural de racionamiento y un saludable espíritu rebelde. Y después de mi salida de la Iglesia, pude ser un seguidor de Dios sin condicionamientos previos y limitaciones y así tener la libertad de poder seguir lo que decía mi conciencia.

Oraciones del corazón y no sacramentos

Qué es lo que se podía hacer como estudiante de teología o más tarde como teólogo y pastor, para poner en concordancia lo encontrado en la Iglesia con la conciencia y la propia convicción. Un buen método parecía ser darle un sentido simbólico a todos los actos eclesiásticos, independiente de sus sentidos o despropósitos. Esto naturalmente debía concordar más o menos con las ofertas interpretativas en los libros de enseñanza. Se iba a conferencias sobre "sacramentos" y sobre "ritos y rituales", y posteriormente uno mismo mangoneaba en esto con fuerza: este cirio en el altar está por la "luz de Dios en el mundo"; el vino de la cena por la sangre de Jesús "quien, por lo demás, intercedió por nosotros hasta la última gota de sangre"; la palada de tierra en la tumba "por lo transitorio de la existencia"; el anillo de matrimonio quizás por la fidelidad (en caso necesario una segunda, tercera o cuarta vez); el agua bautismal por "la purificación del renacimiento"; la imposición de manos por parte del pastor por la "cercanía de Dios" y muchas otras cosas más que es posible encontrar de esta u otra manera también donde los romanos, griegos y en el antiguo Egipto.

En los llamados cultos de misterio, por ejemplo, existían rituales de misas con cenas, vestimentas especiales, altares, agua bendita y monaguillos, con campanadas y arrodillamientos y naturalmente existían templos con una cierta pompa. También hubo santos y veneraciones de santos, existió la devoción a la gran diosa madre, de lo cual posteriormente se desarrollo la devoción a María. Hubo reliquias y días especiales de celebraciones de los santos, es decir, semidioses; hubo peregrinaciones y lugares de peregrinación; procesiones, hubo sacramentos como el bautismo o la última unción y todo esto tenía un significado determinado, como más tarde también en las iglesias. ¿Pero para que todos estos rituales y ceremonias? ¿No es más fácil y directo llegar a Dios sin todo esto?

La luz de Dios también alumbra a través de las velas en mi habitación, y para traer algo de luz al mundo primero debe haber luz en mi interior. Entonces aprendo a hacer actuar a Dios a través de mí. ¿Pero cuál es la importancia de todo esto? Por ejemplo, poner orden en su vida, lo que puede sorprender a muchos en esta relación. Ya que el Espíritu de Dios también es un espíritu de transparencia y de rectitud. De esta manera procuro poner más orden en mis pensamientos y también en mi hogar. Entonces no me distraigo tanto y me concentro más en Dios y en mí y mi entorno. También practico comer y beber en forma más lenta, estando solo o en familia o con amigos, y tomo conciencia de cómo Dios nos puede alimentar y dar de beber por intermedio de la madre Tierra, si la cuidamos y preservamos. La hostia y el sorbo del cáliz de la cena (solo para los protestantes) me lo puedo ahorrar. Igualmente las visitas a los cementerios no aportan nada, pues las almas hacen tiempo que han abandonado sus cuerpos muertos y siguen su camino en el más Allá - ¿Entonces para qué todo este culto de los cementerios con cuerpos en descomposición? Solo un culto a los muertos en base a un culto de cementerios. Y si un pastor extiende su mano bendecidora en mi dirección, él es bien renumerado con el impuesto a la Iglesia [solo válido en los países de habla alemana y que todos sus ciudadanos deben pagar] o incluso por el Estado, sobre lo cual advertía el profeta Miqueas cuando exclamó: "sacerdotes enseñan por precio" (3, 11). Los buenos amigos nos abrazan gratis y su ayuda no está atada a los impuestos a la Iglesia. Y matrimonios y relaciones de parejas no necesitan la bendición de la Iglesia, sino a un varón y a una mujer con carácter, si esto ha de resultar. Y para una bonita fiesta se necesita un poco de fantasía y creatividad, pero ninguna Iglesia ni ningún sacerdote como maestro de ceremonias. Y el que deja bautizar a sus niños actúa en contra de la voluntad de Jesús, ya que éste enseñó "primero enseñad", esto es, "haced discípulos" y después bautizad. Sobre una especie de cristianización forzada de lactantes sin su consentimiento no habló Jesús -ni hablar de rociar a los recién nacidos con agua, de fórmulas bautismales o trajes de bautismo.

Estas prácticas provienen de las antiguas "religiones de misterios" paganas, al igual como existen hoy en día en muchos cultos mantenidos más o menos en secreto y en prácticas ceremoniales en los cultos o grupos más diversos.

Naturalmente uno se puede acostumbrar a muchas cosas, y los católicos deben acostumbrarse o muchas otras cosas más que los más bien parcos protestantes, donde solo quedaron restos de los cultos ceremoniosos del antiguo paganismo. Ya no hay tabernáculos, rosarios, sudario de Verónica, no hay primera comunión, no hay una última unción, no hay un calendario de santos, no hay coloridos trajes sacerdotales, (solo talares negros), ninguna mitra –el gorro de los obispos de forma de cabeza de pescado, que fue copiado del dios-pez Dagon babilónico –ni una sola reliquia.

Que la hostia provenga del tabernáculo católico o del recipiente de hostias evangélico luterano, si se reza el rosario y se recita el catecismo luterano, ¿qué tiene que ver lo uno y lo otro con Dios? Más bien nos aleja de Dios. ¿Por qué? Porque uno se ata a las costumbres y fórmulas verbales de una religión exteriorizada, en vez de encontrarse con Dios en el templo propio, en su propio interior, donde Dios quiere estar cerca de nosotros. Puesto que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. También es el vehículo terrenal para nuestra alma inmortal, que a su vez está unida en su interior con Dios, respectivamente, con el Espíritu Santo. Nosotros nos encontramos constantemente en este templo y podemos en cada momento tomar contacto con Dios mediante una oración hablada desde el corazón. Y nosotros no necesitamos entrar en templos y en ninguna iglesia, o arrodillarnos frente a un altar, sino únicamente delante del Espíritu de Dios que se ha arraigado en todo lo que vive.

Que en cada altar católico debe haber empotrada una reliquia o una parte de una reliquia, como pastor evangélico protestante yo no lo sabía, a pesar de que como invitado evangélico participaba allí en servicios divinos ecuménicos. Y si para dos altares hay disponible un solo hueso de "san" Bruno, simplemente mediante una sierra se corta un pedazo de este hueso y problema solucionado –a la católica– una historia verdadera del año 2001. La reliquia –también un símbolo para la cual en cada caso individual se puede encontrar un apropiado significado. Cuatro iglesias católicas (Charroux, Clulombs, Puy en Francia, San Juan en Roma) afirman por ejemplo estar en posesión del prepucio de Jesús y se burlan con esto del hombre de Nazaret, quien entregó su vida por los seres humanos –pero no en el sentido eclesial, sino en forma práctica e inmediata.

Uno puede llegar a sentirse mal con estas y muchas otras reliquias, y quizás con esto se le pasa el resto de las ganas de ser miembro eclesial.

El frío horror de la suntuosidad

Jesús, el Cristo, enseña a los hombres un Dios amante, al cual se le puede llamar "Padre". Él no les enseña la veneración de huesos o de partes de cadáveres disecados y semiputrefactos como lo hace la Iglesia católica (ver www.jubeljahr2000.de/reliquien.html [No disponible en español]). El "Padre" de Jesús le da su aliento a todo lo que vive, y también en la Biblia se dice, este Dios "es espíritu" (2ª  Corintios 3, 17), y: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Juan 3, 8). ¿Pero frente a esto, que es una religión en la cual partes de los cuerpos de fallecidos tienen una importancia tan central como en la Iglesia católica? ¿Se trata de un culto de muertos? Y "¿qué son entonces estas iglesias si no son las criptas y los mausoleos de Dios?", escribe ya en el siglo XIX, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su obra Die fröhliche Wissenschaft (La ciencia alegre).

Muerto solo estaría este dios eclesial, y un esplendor de su esplendor cadavérico cubre también a sensibles asistentes a las iglesias. La gélida pompa de estos monumentos de piedra, en las cuales a muchas personas desamparadas y buscadoras que caminan de un lado a otro, las deprime. Obispos y "santos" del pasado fueron allí esculpidos en mármol, piedra u hormigón, o incluso su brutalidad sangrienta fue cubierta con oro. Y así estos amenazan hasta hoy a los creyentes, petrificados y con el índice levantado. Hoy estas figuras pertenecen a los tesoros de arte del mundo occidental. ¿Pero quiénes fueron estas personas que alguna vez vivían dentro de estos cuerpos? En relación a casi todos estos dignatarios uno se puede preguntar: ¿Cuántos cadáveres tiene este en su conciencia? ¿Y cuántos aquel? ¿Y: sobre cuántos huesos fue erigido este trono obispal? ¿Cuánta sangre hay pegada en la silla de aquellos?

Hay que saber sumar muy bien, también números grandes. Ya que millones de personas, ya solo en Europa, llegaron a ser víctimas de la manía de la fe católica y evangélica protestante, y a muchos de los perpetradores todavía se les honra hoy como antes en las iglesias. Y como antaño, los papas, eminencias (= cardenales) y excelencias (= obispos) se atribuyen la reivindicación, el ser los intermediarios entre la vida y la muerte y los únicos que pueden ofrecer el camino hacia Dios, mientras que no son más que los intermediarios de la muerte. Eternamente sea condenado quien, conociendo el camino de la Iglesia, se desvía de este camino, así la manía de ellos. Por todos los tiempos sufrirá terribles martirios infernales, por siempre y siempre, un terror ininterrumpido, sin esperanza de un final, torturado por toda la eternidad –este es el mensaje amenazante de la iglesia que se esconde detrás de una máscara de una "buena nueva". Ningún arrepentimiento ni ninguna vuelta ya serán escuchados, ningún lloriquear sería ya  posible para regresar al regazo de la "gran madre" Iglesia, la que –al igual que la gran prostituta del Apocalipsis– que cortejaba a casi todos los potentados y que exigía de todos los gobernantes de los pueblos la pena de muerte para personas que se atrevían a pensar de forma independiente.

En una conversación entre conocidos de repente cae la frase: "Tú también vas a parar a la hoguera", y por un momento todo queda en silencio … Y aún se siente ese antiguo miedo, estar expuesto a ese poder, del cual el historiador Karlheinz Deschner escribe: "Después de preocuparme intensivamente con la historia del cristianismo, no conozco en la Antigüedad, en la Edad Media y en los Tiempos Modernos… ninguna organización del mundo que durante tanto tiempo y en forma tan continuada esté cargada con crímenes tan horrendos" (en: Die beleidigte Kirche, [La Iglesia ofendida] Freiburg 1986, pág. 42 f.).

Y aún no ha terminado. Ya que ahora como antes existe "la pretensión de exclusividad bíblicamente fundada" de las Iglesias, de "estar constantemente lista para dar el salto, para encender nuevamente las hogueras", como escribe el filósofo Karl Jaspers (Der philosophische Glaube [La fe filosófica], 9ª  edición, Múnich 1988, pág. 73). Mas aquella que tiene este deseo y estaría siempre dispuesta a volver hacer esto –hoy en día tiene las manos atadas.

¿Pero qué son las hogueras? La condenación eterna sería mucho peor que cualquier muerte por tortura, por larga y cruel que esta fuera, así la enseñanza de la Iglesia, cuando habla en forma clara, y, como el que escucha, uno no se deja convencer con tales grandilocuencias mitigantes. Aún cuando no existen actualmente hogueras eclesiales: El terror y el dolor, según la creencia de la Iglesia, solo es aplazado para el tiempo después de la muerte. La atroz obra de las "eminencias" tiene un largo aliento, pero cada cristiano eclesial debe reflexionar si realmente quiere seguir esperando para salirse de este sistema de horror, de amenazas de condena y con consuelos escenificados sin contenidos. En especial, en base a sus dudas o convicciones discrepantes, ya hace tiempo que para los "señores de la Iglesia" pertenece a los eternamente condenados (ver: www.theologe.de/test.htm).

Miedo y fascinación yacen muy cerca en las Iglesias. ¡Imagínese que usted se encuentra frente a una de estas iglesias de piedra! Usted, por ejemplo, mira hacia arriba, a la catedral de Colonia o la catedral de la ciudad de Ulm (Alemania) o usted se encuentra frente al macizo bastión de la catedral de Bamberg (Alemania). O usted se encuentra sentado en una catedral. Y usted ve cuán grande e imponente es el esplendor. Vacío y frío es ese esplendor. Una herencia del pasado monstruoso, que pesa toneladas, en medio del ruido mundano del presente. Todas las personas ansían de vez en cuando el silencio, y algunas se dirigen por esta razón a las iglesias, pero aquel que no encuentra esta calma dentro en sí mismo, tampoco la encontrará en las iglesias. Y menos aún en estas horrorosas cámaras de reliquias, de huesos hermosamente adornados y huesitos y restos de carne disecada –a pesar de la distancia hacia la actividad febril de las ciudades. Tenebrosa y engañosa es la quietud de las iglesias. Y muchas cosas que allí suceden en primer plano, pueden ser no visibles ni audibles.

Así, un día conocí a una católica comprometida que, como "médium", tuvo experiencias de contactos con el Más allá, y a la cual muchas cosas de lo que ella me contaba, yo no le creía. Pero un relato me llamó la atención: Ella contó que en la catedral de Bamberg no podía rezar en calma, ya que allí se juntaban almas de personas desesperadas que habían fallecido. Ella sintió  un terrible llanto y griterío en la catedral. Y el hecho de que se encontraran en el templo, en medio de tantas cruces, altares y reliquias, no podía consolar ni ayudar a las "pobres almas".

Posteriormente, cuando yo entré en esta iglesia como persona "sin poderes mediales", gracias a Dios, no pude ver ni escuchar a ningún alma; pero que ellas pudieran estar alrededor mío, me lo puedo imaginar fácilmente. Quizás entre ellas también se pueden encontrar víctimas que fueron muchas veces torturadas y asesinadas brutalmente por la Iglesia, que han venido para buscar entre los muros fríos a sus perpetradores. Y si ya solo en esta catedral existen tantas almas, ¿cómo será entonces en muchas otras catedrales?

No hay que creer todo esto. Sin embargo, desde entonces presiento de dónde quizás proviene este estremecimiento que siempre me da como feligrés y que se intercambia con un grito de protesta, entre en estos muros y en las recámaras, para llegar allí quizás al conocimiento de los "misterios de Dios". Y me parece que solo estos bloques de piedra han sobrevivido todo esto de lo que sucedió alrededor de ellos durante siglos. Pero la sangre de las víctimas de la Iglesia aún está pegada invisiblemente a las piedras, y aún fluye invisible entre las bancas de las iglesias, y acaso en sus finas sensaciones se pueden notar. ¿Cómo dijo Jesús de Nazaret? "Os digo que si estos [mis discípulos] callaran, las piedras clamarían" (Lucas 19, 40). Y finalmente: Vendrá el tiempo en que no quedará piedra sobre piedra.

La llamada de reclamo de la Iglesia tiene muchas melodías. ¿Quién no ha escuchado los sonidos armónicos de la música eclesial? ¿El impetuoso sonido de los órganos, los cantos de los coros y la música de las orquestas o la suave voz de un niño? Mucho de esto puede tocar nuestros corazones. "Nun danket alle Gott" (Ahora agradeced todos a Dios) suena de cientos de voces o "Großer Gott, wir loben dich" (Gran Dios, nosotros te alabamos). Y el sonido y la fuerza de la música y el ambiente solemne pueden llegar hasta nuestras almas –y la Iglesia siempre hizo uso de esto a su favor.

Lo siguiente escribe el historiador Karlheinz Deschner: "Le ejecución de los "herejes", que generalmente se realizaba en un día de fiesta, lo transformó la católica en un espectáculo de su ilimitado poder. Mensajeros especiales invitaban al pueblo, y se cobraba altos precios por mirar desde ventanas, y se le daba a todo el que traía un trozo de madera para la hoguera, una completa indulgencia. Y en el camino a la ejecución, a la víctima se le colocaba muchas veces una toca de payaso, era pellizcado con tenazas al rojo y algunas veces también se le cortaba la mano derecha. Solo en casos excepcionales al condenado se le ahorcaba misericordiosamente antes de ser quemado. Mientras el "herético", según fuera la dirección del viento, se ahogaba o se quemaba lentamente, los católicos allí reunidos cantaban la canción de alabanza ´Großer Gott, wir loben Dich`" [Gran Dios, te alabamos] (Abermals krähte der Hahn [Una vez más cantó el gallo], edición de bolsillo, 3ª  edición 1996, pág. 548). "Y para que las canciones de alabanza no fuesen molestadas por la agonía de los discrepantes, a estos se les colocaba una especia de frenillo en la boca, para evitar sus gritos, de manera que no se oía nada, sino la casi agradable crepitación de las llamas y las letanías de los curas" (Deschner, Historia criminal del cristianismo, tomo 7, pág. 260).

Esta es la tradición, y esta tradición aún no está muerta. Un horror cubre también a estas populares melodías.

Si en tiempos del Antiguo Testamento se mataban a millones de animales, para supuestamente "calmar" la ira de Dios, así en el tiempo del Nuevo Testamento se matan a millones de personas en los templos y en las plazas frente a las catedrales –siempre en el nombre de Dios. A los animales se les sigue torturando y matando en la actualidad con la bendición de la Iglesia, y se matan muchos más a los que después se puede devorar, y a continuación se subvenciona la eliminación de los cadáveres sobrantes. De esta manera sucedió y sucede, lo que se puede describir con las palabras de Catecismo oficial católico: "El Antiguo Testamento prepara el Nuevo mientras que este da cumplimiento al Antiguo" (Nº 140). Y todo aquello que sucedió y aún se encuentra en los huesos de los vivos y de los muertos, hace de las catedrales un lugar de penumbras fantasmales a la luz del día. ¿Y que miedos mortales podría tener una persona solitaria allí? Y los amplios espacios abiertos, frente a las catedrales, en los cuales miles de personas inocentes fueron entregadas a los verdugos, son como obstáculos que hay que sobrepasar para poder escaparse de las fauces de la Iglesia.

En vista de los bestiales asesinatos de pacíficos musulmanes, conciudadanos judíos y libre pensadores o que se separaron del propio retablo de parte de los cruzados eclesiales; en vista de las insuperables torturas y métodos de ejecución de la Inquisición eclesiástica (ver Die Foltermethoden der Inquisition [Los métodos de tortura de la Inquisición, no disponible en español]), en vista de los genocidios y de la quema de brujas a nivel mundial y en vista de la bestialidad frente a los animales hasta el presente, las crueldades del Antiguo Testamento parecen ser más bien pre ensayos. Los responsables de estos crímenes eclesiales nunca se han arrepentido seriamente –a pesar de las tibias concesiones papales–, ni hablar de una reparación. Y las crueldades más recientes llegan hasta el siglo XX. Así, por ejemplo, aproximadamente 750.000 serbios ortodoxos fueron asesinados por el régimen fascista-católico Ustascha, en Croacia, durante la segunda guerra mundial, un régimen que fue apoyado por el papa en Roma, mientras que, al contrario de esto, el movimiento Cetrnik serbio ortodoxo perpetró masacres a croatas. Y durante la dictadura militar en Argentina, los líderes de la Iglesia católica le daban consejos a los militares, cómo podían ellos eliminar a los enemigos del régimen sin llamar mayormente la atención. Y el fervor de los cantos en los círculos de los perpetradores, hoy como antes es seductor y peligroso al mismo tiempo.

Por momentos, las Iglesias también aparentemente parecen ofrecer amparo a las personas que allí buscan protección. ¿Pero uno se puede sentir protegido en un lugar como este? En Ruanda, en África, a fines del siglo XX, jerarcas católicos vierten bencina sobre personas de la tribu de los Tutsi y les prenden fuego o los trituran con bulldozers. El pasado vuelve a penetrar en el presente por estremecedores momentos, para luego atrincherarse detrás de los bastiones de los muros de las iglesias –hasta que nuevamente vuelva a suceder algo. Y en Nueva York, en Manhattan, en el invierno de 2001 se quema la catedral de St.-John-The-Divine, una de los edificios más suntuosos y grandes del mundo. Y si se quiere, esto se puede ver quizás como un símbolo por lo que hasta ahora no ha sido aún expiado, aquello que las Iglesias le han hecho a otros durante siglos y que tarde o temprano, según el principio de Causa y efecto, recaerá sobre ellas mismas.

"Salid de ella, pueblo mío"

En las revelaciones de Juan, el último libro de la Biblia, dice sobre la "prostituta Babilona": "Salid de ella, pueblo mío, para que no seais partícipes de sus pecados ni recibáis parte de sus plagas" (Revelaciones 18, 4). La "prostituta Babilonia"fue  diversamente interpretada como la Iglesia mundana del los tiempos finales, que está empeñada en acostarse con todos los poderosos del mundo, por ejemplo, para justificar religiosamente el deseo por las guerras o la imposición de sus reivindicaciones de poder. "Los reyes de la tierra han fornicado con ella", dice el verso 3, y por esto han recompensado a la Iglesia con riquezas, prestigio y privilegios. En Alemania, Austria y Suiza, se habla también de una "relación prostituida" entre Iglesia y Estado.

La palabra "salid de ella, pueblo mío" puede ser traducida hoy día en forma mas acertada con "abandonadla, pueblo mío". Y la razón para esto la da también el visionario Juan: "para que no seais partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas". Los crímenes de la Iglesia aún están en gran medida no purgados ni reparados, y cada hoja que aún cuelga del árbol del crimen (por ejemplo, por ser miembro de ella), también será afectado cuando brote la siembra del horror y haya llegado el tiempo de la cosecha. Ya Pablo escribió en la Biblia: "No os engañéis; de Dios no se puede burlar: pues todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará" (Gálatas 6, 7) –en esta vida, en el Más allá, o en una próxima reencarnación, si se tiene fe en una reencarnación. Y esto también vale para los responsables de las Iglesias –con o sin sacramentos o cultos.

En algunos países de la Tierra ya se ha dado vuelta la hoja. las Iglesias incursionaron allí a la fuerza en los siglos pasados, y los conquistadores eclesiales, por ejemplo mediante las cruzadas, causaron en esos países sometimientos y genocidios. Entonces hoy se escucha a menudo que ahora se persigue a los cristianos eclesiales, muchas veces de parte de personas pobres que en masa se adhieren a los grupos violentos del Islamismo.

De que también existan grupos eclesiásticos individuales, que se entienden como "Iglesia de los pobres", es algo que no nos debe engañar: Ambas instituciones, la católica como la luterana, reciben anualmente miles de millones en subvenciones estatales, a pesar de que solo en Alemania disponen de una fortuna de 501,9 mil millones de Euros (revista "Der Spiegel" Nº 49/2001). Sus representantes predican, sin embargo, desde los púlpitos las palabras de Jesús: "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen" (Mateo 6, 19).

En la revista Der Spiegel se puede seguir leyendo sobre las Iglesias en Alemania: Sus gastos para el personal, atención espiritual y buenas obras, los cubren las Iglesias no con sus fortunas, sino en especial con las entradas corrientes. Ya solo 17 mil millones de marcos alemanes ingresan anualmente a ellas con los impuestos a favor de la Iglesia … y otros 19,1 mil millones de marcos los obtienen de fuentes estatales… Además, el Estado renuncia a 20 mil millones de entradas por liberaciones de impuestos a favor de las Iglesias" (Nº 49/2001). En esta cantidad aún no están contenidos los millones para la administración de hospitales de las Iglesias, hogares de ancianos, escuelas y jardines infantiles, que en parte (los jardines infantiles) son financiados por el Estado en un 80 hasta 100%. ¿De dónde provienen entonces todas estas "buenas obras"? (ver www.stop-kirchensubventionen.de [detened las subvenciones estatales])

En un tiempo en el cual cada vez más Estados de la Tierra se encuentran amenazados por una bancarrota económica y pierden cada vez más influencia a favor de consorcios y bancos transnacionales, podría ser de ayuda el siguiente eslogan: "Señor ministro de finanzas, por favor ahorre, pero allí donde corresponde". ¿Por qué la mayoría de los sueldos de los obispos son pagados por el Estado, además los sueldos de los "dignatarios", vicarios, canónigos, secretarios obispales, educadores de los seminarios juveniles católicos y de los consejeros superiores evangélicos? ¿Por qué aún la Iglesia es indemnizada año tras año con millones de euros por expropiaciones del año 1803 (cuando fueron abolidos los ducados eclesiales), a pesar de que el "daño" ya fue compensado miles de veces? Además: Lo que las Iglesias habían perdido en aquellos tiempos, lo había adquirido en gran parte en forma fraudulenta. ¿Y desde cuándo se indemniza a los ladrones cuando se ha recuperado en parte el botín?

Por si acaso los políticos aún necesitan algo más de tiempo para llegar a esta convicción; pero entonces uno mismo puede adelantarse con un buen ejemplo y salirse de la Iglesia. Con los impuestos que uno se ahorra, por fin se podría hacer lo que uno considera correcto y no tiene que financiar cosas sobre las cuales deciden los jerarcas de las Iglesias.

No obstante, las Iglesias en Alemania publicitan que los impuestos a la religión posteriormente se pueden deducir del impuesto a la renta, lo que al Estado le cuesta otros 6,8 mil millones de marcos (revista "Der Spiegel" N° 49/2001). ¿Pero por qué no abandonar mejor de inmediato y totalmente a la Iglesia y no pagar impuestos? Jesús nunca hablo de un impuesto a la Iglesia.

Un gran número de miembros de las Iglesias ya se han despedido de la institución Iglesia retirándose de ellas, pero la minoría sospechan que allí se sigue reclamando una especie de "exigencia de propiedad" de sus almas.

El ex obispo evangélico-luterano del Estado de Baviera, Johannes Hanselmann, en el año 1985 escribió en una carta con el siguiente tenor: "Yo quiero que reflexione que de una Iglesia a la cual se ingresó [Nota de la redacción: Generalmente en forma involuntaria] mediante el santo bautizo], no se puede salir e ingresar como en un club, si se ha encontrado algo mejor en otra parte, lo que quizás sea más del agrado de uno. A Dios no se le puede anular el pacto que hizo con nosotros mediante el santo bautismo" (Carta del 6.9.1985).

Aquí se intenta relacionar a "Dios" con la Iglesia. Pero el pacto consolidado en la Iglesia, del cual habla aquí el obispo, no tiene ninguna relación con Dios.

Más ostentoso es aún el canciller del episcopado de la ciudad de Innsbruck (Austria), el Dr. Hermann Steidl, quien en una carta en relación a este tema expuso lo siguiente: "Una finalización de la calidad de ser miembro de la Iglesia católica, según esta lo entiende no es posible y tampoco está previsto. En lo que se refiere a su retiro de la Iglesia, es esta una institución de un Estado religiosamente neutral, mediante la cual se le posibilita a los ciudadanos de eximirse de las consecuencias de ser miembro de una Iglesia o comunidad religiosa, desde el punto de vista del ámbito judicial del Estado. Este ´retiro eclesial` estatal no tiene ningún efecto sobre la condición de ser socio corporativo de la Iglesia católica, es decir, el que renuncia, desde el punto de vista de la Iglesia católica sigue siendo católico. Sin embargo, la Iglesia católica valora este acto como defección formal de la Iglesia católica y sanciona esta fuga pública de ella, con diferentes limitaciones de derecho … sin perjuicio de esto, los sacramentos siguen siendo válidos, y no pueden ser anulados por ningún poder del mundo" (Carta del 14.9.1998).

Esto naturalmente sería del agrado de los ancianos jerarcas del Vaticano, si se quisiera ver en sus palabras mucho más que solo aire. La mayoría de los exmiembros de la Iglesia ya no se dejan intimidar de esta manera, y consideran su anterior calidad de haber sido miembros y todo lo que se relaciona con esto como algo finalizado para siempre. Además, con la conciencia limpia pueden considerar como nulo el ser considerados como "católicos" por la increíble arrogancia de la Iglesia.

De la involuntaria cristianización hacia la libertad

Una institución como esta, que según su auto entendimiento no admite una finalización de la "afiliación corporativa", se desenmascara a sí misma, ya que lo que aquí se le exige a los miembros reclutados mediante el bautismo de lactantes, sin ser preguntados,  desde el punto de vista mundano es simplemente una coacción inconstitucional. En esta relación, también una mirada a las técnicas psicológicas de la Iglesia son reveladoras. Matrimonios católicos, según el derecho canónico y bajo amenazas de castigos eclesiales, son "obligados" a bautizar a sus lactantes (Can. 867). De lo contrario, también su salvación estaría en peligro ¿No es esto un brutal intento de esclavizar espiritualmente a personas? La calidad de ser miembro mediante el bautismo de infantes lleva consigo las características de una moderna cristianización forzada e infringe el derecho del individuo, de determinar por sí mismo a qué organización se quiere asociar y a cuál no. ¿Pero quién está detrás de estas enseñanzas? ¿No es acaso la "antigua serpiente" que pudo traer sangre durante siglos a la humanidad? Y que en nuestros tiempos solo a regañadientes se arrastró dentro de las democracias, donde trata de imponer su pretensión de poderío, principalmente mediante actos de violencia espirituales, ya que el Estado nos está tan a su disposición como antes.

Incluso los aún no nacidos y los niños no "planificados" son reclamados por la Iglesia: Un católico puede casarse, por ejemplo, de forma "evangélico-luterana", si promete abogar porque eventuales niños se hagan católicos. Y un profesor católico de religión sin esta promesa no obtiene el permiso para enseñar, sin el cual ni siquiera puede ser contratado por el Estado (P.S.: Las Iglesias se dejan pagar además por parte del Estado con aprox. 2,5 mil millones de euros por las clases confesionales de religión ).

Si entonces ha nacido un niño, parece no existir nada más importante que lo más rápido posible tenga lugar una acción de parte de la Iglesia. Así, por ejemplo, la Iglesia ha inventado el instrumento del "bautismo de emergencia", para dar a entender que niños fallecidos no bautizados supuestamente no lograrían obtener la eterna contemplación de Dios, y que vivirían por todos los tiempos en una especie de infierno más atenuado. El niño solo no tendría que sufrir penas de pecados, ya que en su corta vida no tuvo la oportunidad de rebelarse contra los Mandamientos de Dios. La Iglesia, en este caso, parte del concepto de que ya el lactante está marcado con "el pecado grave" del "pecado original", y que "todas las almas que abandonan la vida en estado pecaminoso grave", según la enseñanza de la Iglesia deben ir a la condenación eterna.

Al respecto, en el libro oficial de la enseñanza católica de los autores Neuner-Roos, La fe de la Iglesia, sobre el infierno se dice: "El infierno existe para las almas que solo estaban afectadas con el pecado original [o sea, lactantes y niños pequeños], con la pérdida de la contemplación de Dios" (Neuner-Roos, Der Glaube der Kirche, pág. 530). Literalmente esta sentencia Nº 926 oficial dice: "Las almas de aquellos que fallecieron en pecado mortal o solo en pecado original, desciende de inmediato al infierno, pero reciben castigos desiguales" (pag. 554; ver más en El Teólogo Nº 18 – La fe de la Iglesia).

Según comunicados más recientes del año 2007, que a pesar de esto la Iglesia cree en un "camino de salvación" (ver http://www.theologe.de/los-sacramentos-de-la-iglesia.htm, 2.9.2.), casi no se pueden expresar con palabras los métodos de intimidación y de violación espiritual que se ejercieron y se sigue ejerciendo sobre las personas. Esto puede ser expresamente confirmado por aquellos que han sufrido bajo este terrible "envenenamiento de Dios" (ver el libro Gottesvergiftung de Tilman Moser). Y si a los católicos forzados posteriormente y después de largas luchas espirituales logran salirse de la Iglesia, entonces esto sería parte de los "pecados mortales", cuya consecuencia sería la eterna condenación (esta vez incluye los horrorosos tormentos). Esto es enseñanza válida de la Iglesia, aún cuando el canciller del obispo de la ciudad de Innsbruck se cuida de exponer esto en una carta a un crítico contemporáneo.

Para volver a decirlo en forma más clara: Las enseñanzas eclesiales sobre este tema son absolutas bobadas y solo sirven para mantener a las personas en dependencia mediante el miedo y sentimientos de culpabilidad. Mientras tanto, cada vez más honrados buscadores de Dios se despiden de la Iglesia con sus ademanes amenazadores y sus turbias ofertas de salvación, y ellos primero lo hacen internamente. Lo que muchas veces les ayuda es la certeza que Dios es un Dios de la libertad, que no está atado a una instancia eclesial. El paso definitivo sería tarde o temprano solo una consecuencia lógica, pero muchos aún sopesan si la permanencia en la Iglesia podría ser quizás la parte más agradable. Además, que interiormente se puede creer lo que uno quiera y que esto nadie lo puede impedir. El que piensa así subestima la situación. También una pequeña puerta abierta le da a la Iglesia la posibilidad de volver a meter la mano con su largo brazo, y en esto no se deben considerar solo los sucesos del mundo material. La Iglesia también valora el reunir las almas en el Más allá y seguir guiándolas en su sentido, sea lo que sea que uno pueda imaginar sobre esto. De todos modos uno sigue perteneciendo a ella, siendo una hoja de un árbol de asesinatos y crímenes, sea cual sea la explicación que uno se haya dado para esto.

¡Entonces no hay que temer el salirse! Dios está en el funcionario que ejecuta el retiro con usted y Él está en la primera persona con la cual usted se encuentra después de haberse retirado de la Iglesia. Tal como se ha encontrado siempre en usted y en todas las personas. Él está en el compañero del trabajo; en la pareja; en el niño y en el adulto mayor, él está en los simpáticos y en los antipáticos, en el amigo y en el supuesto enemigo. Él se encuentra con usted, también en cada animal: En el ternero, que es golpeado en el matadero y que llora frente a los cortes mortales que sufre; o en el gato que se ha acomodado en su ventana. Él respira en el elefante en África, en el canguro en Australia y en el jabalí en Alemania.

Y esto también significa: El que mata a un animal –sea por la razón que sea– mata vida proveniente de Dios, y con esto se pone en contra de la vida que proviene de Dios. Pero la Iglesia constantemente ha inventado nuevas excepciones, que permiten la matanza de personas y animales, y ella bendice las herramientas asesinas, si se aplican en la parte "correcta".

Siempre han existido personas que se han comprometido exteriormente con las enseñanzas y cultos de las Iglesias. Pero entonces normalmente también uno se queda bloqueado interiormente. Y a la inversa, aquellos que se han salido de la Iglesia, muchas veces hablan de un sentimiento de liberación interior como nunca la habían experimentado antes en esta forma. Es como si uno se libera de repente de una carga enorme y que la vida terrenal ha llegado a un nuevo punto de partida. Ahora la vida se puede continuar sin una atadura eclesial.

Puede llegar a ser el camino hacia el corazón de Dios, a Dios en la vida del interior, cuyo primer paso a veces ya se había dado como cristiano de Iglesia. Y muchos honrados buscadores de Dios pueden atestiguar que las cosas externas impiden encontrar el camino hacia Dios, y que un honesto camino hacia Dios tarde o temprano conduce a salirse de la Iglesia.

Y solo cuando uno se libera de los dogmas y las rígidas formas, de ritos y cultos, con la ayuda de Dios puede ser conducido poco a poco a su interior, a su verdadero ser.

El viento que canta

El primer paso hacia ello podría ser tomar algo más de distancia del ruido mundano y no absorber todo este flujo de información que le llega a uno. Ya que sus células cerebrales están atiborrabas con ideas que no quieren terminar nunca y muchas veces uno no está en condiciones de desconectarse de todo eso y percatarse de que, por ejemplo, una planta de interiores o un arbusto en el antejardín le podrían decir algo; o la bandada de pájaros que sobrevuela durante el viaje al lugar de trabajo.

Nuestros cinco sentidos son las antenas del mundo material que nos rodea, y aquel que la da curso libre es pronto manejado por ellos y en algún momento puede que no esté completamente en sus cabales. El que comienza a observar con atención sus percepciones y a no entregarse a todos los estímulos, puede advertir que es posible tener una percepción más fina, y que alrededor nuestro suceden más cosas de aquello que los sentidos prosaicos reflejan. Y de esta experiencia se trata la última parte de este artículo.

El investigador polar Knud Rasmussen informó una vez sobre una costumbre de los esquimales,, que le fue confiada por una mujer esquimal anciana:

"En tiempos pasados celebrábamos en cada otoño grandes fiestas en honor al alma de la ballena, y estas fiestas siempre debían comenzar con cantos nuevos; no se permitía cantar canciones antiguas" cuando hombres y mujeres bailaban para honrar a estos grandes animales. "Y allí teníamos la costumbre de que en aquellos tiempos, en que los hombres buscaban las palabras para estos himnos, todas las lámparas debían ser apagadas. Había de estar oscuro y silencioso en la casa de la fiesta. Nada debía interferir, nada podía distraer. Todos los hombres, tanto los viejos como los jóvenes se sentaban pensando en profundo silencio, … Esa calma … significa que se está esperando algo que ha de irrumpir. Pues nuestros padres ancestrales tenían la creencia de que las canciones nacen en el silencio. Entonces se forman en el alma de las personas y suben como las burbujas de la profundidad del mar, que buscan el aire para irrumpir a la superficie". (de: Die Gabe des Adlers [El don del águila], Francfort del Meno o. J.).

Que a las ballenas, en cuyo honor se celebraban las fiestas, se las cazaba y mataba, muestra que el mundo de los esquimales tampoco era sano, si bien no se tenían allí las alternativas para una alimentación vegetariana y la oferta de alimentos como en la mayoría de los otros países. Y además se tenía conocimiento de que en el alma hay capas más profundas, en la cual se tiene otra posibilidad de percibir las cosas.

¿Y que brotaría en nuestro ánimo si por un tiempo se silenciaran los sentidos externos? A lo mejor no nuevas hermosas canciones, sino simplemente aquello que anteriormente se ha acumulado en nuestra alma, lo que está activo en este momento y lo que mueve en nosotros nuestro subconsciente. Con esto puede que por el momento no cambie nada, si mediante una respiración consciente, concentrada y profunda, se logra que las numerosas ideas, que antes recorrían nuestro cerebro, decaigan y así se aprenda mejor a callar.

Sin embargo, mediante el cambio del ritmo corporal y el silencio de los pensamientos, al fin y al cabo siempre llamamos a una puerta, que de otra manera estaría cerrada. Si sabemos y creemos que en lo más íntimo de nuestra alma vive Dios, entonces a lo mejor también nos podemos imaginar que realmente existe un maravilloso sonido en nuestra alma. Este sonido, no obstante, solo se nos puede comunicar cuando nos hemos liberado de todo lastre, de nuestros actos, palabras, pensamientos, sentimientos y sensaciones, que se dirigen en contra de la vida –contra nuestros semejantes, contra la creación y contra nosotros mismos. Y esto es posible en forma muy práctica, por ejemplo aprendemos a ponernos en el lugar de los demás y a arrepentirnos, perdonamos y pedimos perdón y ya no tenemos más un comportamiento erróneo. En última instancia, un mal pensamiento contra nuestros semejantes se dirige finalmente contra nosotros mismos. Puesto que acumulamos los pensamientos en nuestra alma y no en el alma del prójimo.

Un proverbio dice "Mientras más lejos uno sale a pasear, tanto menos se escucha", lo que significa que no es necesario ir allí o allá, no escuchar por ahí o por allí, para oír lo que importa. Tampoco es necesario que haya silencio alrededor de nosotros, como en el relato sobre los esquimales. La calma exterior es solo un medio externo cuando nuestros nervios reaccionan en exceso. También lo podemos hacer en medio del trajín diario. Solo depende de si podemos poner en recepción nuestros sentidos interiores. Para esto puede ayudar el tomar consciencia de que Dios está en todo lo que nos rodea. En cada persona, en nuestros amigos cuadrúpedos, en cada hierba, en cada hierbecita que pasa percibida al borde de una carretera. E incluso en el motor de un automóvil, un producto del hombre industrializado, respira Dios, aún cuando no con la intensidad como en el hombre, en un animal o una planta. Pero para escuchar no importa mayormente el tener algo al frente de uno, sino depende principalmente de nosotros mismos y de nuestra disposición y capacidad, para entender el lenguaje de nuestro entorno. Aquí también es determinante nuestra postura. Al caminar, estar de pie o sentado en forma erguida, o bien nos movemos equilibradamente y no en forma agitada, nuestra "antena receptora" está derecha y percibimos más y en forma más clara que con una antena torcida, como cuando por ejemplo nos sentamos flojamente con las piernas cruzadas en una silla. O en el caso de nuestra vista: Si la dirigimos principalmente al suelo, más bien comienzan a fluir pensamientos sombríos; algo diferente a cuando miramos de frente, hacia delante, viendo lo cercano pero siempre también ejercitándonos en cultivar una visión amplia.

Nosotros y todo lo que nos rodea vivimos de hecho solo porque el hálito de Dios fluye por todas partes. El hálito de Dios también impregna nuestro propia respiración, y lo que percibimos mediante nuestros sentidos externos no es la esencia real de aquello que nos rodea. El que quiera comenzar a buscar esta realidad detrás de las cosas visibles, podría ejercitarse en adoptar posturas que gradualmente se unan con la esencia de todas las formas vivientes. Durante un paseo, por ejemplo, con los árboles, los arbustos junto al camino, las praderas, los pájaros, las nubes del cielo y muchas otras cosas más. Entonces también nuestros cinco sentidos se hacen más finos. Y si se quiere, uno se puede detener y cerrar los ojos. Así percibimos entonces nuestro entorno aumentadamente, al escuchar el susurro del viento, el canto de los grillos, el sonido del arroyo. Y si logramos el silencio de nuestros pensamientos durante algún tiempo, se amplía nuestra conciencia y experimentamos el susurro del viento quizás como un viento que canta. O la forma de un arbusto nos parece de repente que está pulsando y toma contornos más vigorosos y al mismo tiempo más amorosos. Y entonces dejamos que la canción del viento fluya hacia dentro de nosotros, al igual como entra el aire cuando inspiramos. Y absorbemos simplemente en nosotros las radiaciones de un arbusto. Y mientras dejamos que esto suceda, a lo mejor percibimos lo que nos quieren decir la canción del viento y la forma de un arbusto. Y en nosotros llegará a ser un firme propósito el que también frente a nuestros semejantes nos comportemos de manera distinta, por ejemplo, con más paciencia y comprensión. 

Dios está en nosotros

Aquel que haya vivido esta experiencia de la naturaleza, aunque sea solo brevemente, en él generalmente permanecerá vivo el anhelo de llegar a una unión más profunda con Dios, y sabrá que ha encontrado un buen camino. Pero no hay que desilusionarse si a pesar de la buena voluntad no se ha llegado aún a percibir los primeras presentimientos de Dios en uno mismo. Al Dios creador también se le puede hablar como a un buen amigo. Nos podemos dirigir a Dios así como estamos en el momento y con sentimientos y pensamientos que nos preocupan en ese momento. Las fórmulas de rezos nos parecen muchas veces vacías, y con el tiempo cada vez más extrañas. El que aprende a dirigirse a Dios de esta manera, tampoco está solo, y  se independiza cada vez más de lo que pudieran pensar y decir de él sus semejantes, ya que Dios está presente. Él nos conoce muy bien. Y Él siempre está allí y disponible en cada momento para ayudarnos en todas las situaciones de la vida. Él no es el dios de las Iglesias con sus insondables misterios y sus castigos infernales, sino el Dios creador, y siempre con una buena intención frente a todo y queriendo ayudar a cada cual a salir paso a paso de la red del sufrimiento y del destino, para hacerlo felíz y mantenerlo contento, también después de esta vida terrenal. ¿Y por qué esperar más tiempo para comenzar con esto?

En este Dios solo puedo confiar cuando creo: Dios no es el causante de lo negativo en nuestra vida. Fuimos y somos nosotros mismos, si no en esta vida, entonces en vidas anteriores (ver http://www.theologe.de/reencarnacion.htm). El conocimiento sobre la reencarnación, que es parte del conocimiento original de la humanidad, acaba con el teatro eclesial de sombras chinescas que habla de los "misterios insondables de Dios". Sin embargo, la Iglesia maldijo y condenó este conocimiento, como maldice y condena a quién conoce a la Iglesia y que, no obstante, busca a Dios precisamente fuera de los muros de las iglesias. ¿Pues para qué se necesitan entonces los numerosos teólogos y sacerdotes, si nos encontramos con Dios en nosotros mismos y en todas las formas de vida?

Cada persona lo puede probar en sí misma. De a poco podemos sentir que las formas vivientes alrededor de nosotros son parte de nosotros, y con esto ya no estamos en condiciones de pelear de forma cruel, de matar a un animal o comer a un animal muerto. O arrancar desconsideradamente o con mala intención una planta de la tierra. Ya que aquel que hace esto desprecia a Dios en la planta que fue creada para servir al hombre, pero no para ser maltratada por este. También en cada piedra y grano de arena está Dios, y toda la eternidad ya está contenida en Él y espera su evolución a formas de vida más elevadas. De esta manera, toda la creación es una amorosa obra pulsante de Dios (sobre la cual también dice la Biblia que "todo fue bueno"), en la cual solo el hombre interviene desde siempre de forma perturbadora. Con esto, en el correr de los eones ha cambiado al mundo animal, vegetal y mineral, de manera que los animales han adquirido la agresividad de los seres humanos y la han acumulado en sus genes. El ladrón original es, sin embargo, el hombre que ha renegado de Dios, que recorre todo el mundo saqueándolo y que explota todo lo que puede alcanzar, y el que acusa a su Dios cuando le toca cosechar lo que él mismo ha sembrado. Pero este inaccesible dios eclesial, sobre el cual el creyente proyecta la maldad humana, no es idéntico al Dios creador, que es igual al Dios que está en nuestro interior.

Si rezamos a ese Dios que vive en nosotros, entonces también cambian nuestras oraciones. Con el tiempo ya no serán rezos superficiales de ruegos o agradecimientos para el provecho propio, sino que están alimentados cada vez más por el deseo de ser uno con la eterna corriente del infinito que fluye en todo lo que vive. Como respuesta percibimos muchas veces impulsos en nosotros, aunque esto aún no es lo divino en nosotros sino lo que corresponde a nuestro estado de consciencia, lo que todavía puede contener muchos errores. La consciencia se amplía cuando vivimos más según los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús de Nazaret. Entonces los impulsos están cada vez más en contacto con Dios en nosotros y menos con  los errores, y de esta manera Dios nos puede ayudar de forma más inmediata. Esta experiencia la pueden obtener todos aquellos que siguen este camino.

La alimentación de los sacerdotes

Una mirada a nuestro planeta Tierra nos muestra realmente un cuadro bastante sombrío.  Desde principios del siglo XXI la Tierra padece de fiebre. La humanidad ha maltratado en tal medida al planeta que una vez fue nuestro amigo, especialmente en el siglo XX, que la Tierra ya no puede soportar más. Ahora, el planeta afiebrado se agita y trata de deshacerse de todo el mal que le fue hecho y que lo enfermó.

Las instituciones Iglesia y el mundo occidental cristiano eclesial influenciado por ellas, han logrado referir la "salvación de Cristo" solo a los seres humanos humanos y subyugar a los animales y a la naturaleza venga lo que venga. Pero el ser humano no puede sobrevivir sin la naturaleza y los animales, y menos aún puede él lograr una experiencia divina, si al mismo tiempo tortura y mata a otras criaturas hermanas. Uno puede "servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos" dice el catecismo católico. Y: "Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas" (Nº 2417).

Pero la miseria y el martirio de nuestros amigos animales jamás podrán contribuir a "sanar y salvar vidas humanas". "Lo que el hombre siembra es lo que cosechará". Estas palabra de s. Pablo, también valen para nuestra relación con los animales; y no se le puede desear a nadie que crea en esto solo después de que la siembra haya brotado en él.

Mucho más se sabría hoy día sobre esto, si los primeros teólogos eclesiales hubiesen incluido en la Biblia los muchos relatos sobre Jesús y los animales. Pero las fuentes que revelan que Jesús y los primeros cristianos no se alimentaban de animales, fueron suprimidas (ver http://www.theologe.de/jesus_primeros-cristianos_amigos-de-los-animales.htm).

En el templo de Jerusalén fueron sacrificados millones de animales inocentes, supuestamente en honor a Dios, y los profetas judíos advertieron en vano que esto era una "horror" para Dios. Pero se continuó con esto hasta la destrucción del templo en el año 70 después de Cristo.

Con el final de este templo, también había finalizado allí la función intermediadora de los sacerdotes, pero la Iglesia la volvió a implantar en sus basílicas y templos de piedra. Solo los sacrificios de animales se trasladaron hacia fuera, a los mataderos mundanos, los cuales fueron bendecidos correspondientemente. Ya que con el supuesto sacrificio de sangre de Jesús el dios correspondiente había sido reconciliado una vez por todas, ya no era necesario "calmarlo", y en consecuencia se podía "sacrificar" a todos los animales en provecho propio, en vez de tener que quemar las mejores presas para un dios. Y en vez de tener que ceder las mejores partes a los sacerdotes y pastores, simplemente y en aras de las buenas costumbres se invita mejor hasta ahora directamente a las autoridades religiosas a que las coman.

Posiblemente muy pocas personas saben que [en Alemania] para la alimentación de los sacerdotes y pastores al contribuyente se le obliga adicionalmente a pagar impuestos para ello. De este modo las autoridades eclesiales en muchas partes disponen de determinadas cantidades de trigo, pescados o vino (las llamadas "ofrendas") que, calculadas en euros y céntimos, deben ser transferidas a las Iglesias por ciudades o comunas que a veces están ya casi arruinadas. A menos que las comunas puedan liberarse de ello mediante grandes sumas de amortización (aproximadamente 100 veces del monto anual, más la tasa de compensación por la inflación), lo que muchas comunas simplemente no pueden hacer.

Jesús, quien se ganaba su sustento como carpintero, no quiso todo esto. Pero en la Iglesia se afirma que todo se hace en nombre del carpintero de Nazaret, y para esto se le "explota" en toda regla. En vez de comerse ahora la carne de los animales sacrificados en los cultos, ahora se come el "cuerpo de Cristo". Y en vez de derramar ríos de sangre animal, se "representa" la sangre humana de Jesús de Nazaret, y en vez de sangre auténtica se usa vino, que en las iglesias evangélicas pueden beber el pastor y los feligreses, mientras que en la Iglesia católica solo la bebe el cura en representación de todos.

¿Pero para que todo este esfuerzo y toda esta parafernalia, que se conocen de los cultos a Dionisio, Attis, Mitras e Isis, donde igualmente "se come" al dios correspondiente, es decir, se le ingiere? Jesús con sus apóstoles no comían animales. El ágape que elos tomaban juntos era sin cultos ni ceremonias. Pues en cada mordisco de pan, en cada fruta del campo y en cada sorbo de agua o vino ellos se unían con Dios y su fuerza. Y en esta comunidad un sacerdote con sus pretensiones religiosas y su apetito por la carne solo habría causado molestias. 

¿Dios Creador o Dios eclesial?

Hubo momentos en los últimos 2000 años –también en los países de habla alemana– en que el  trato brutal de la naturaleza y animales actual y usual aún no era algo acostumbrado.

Algo especial sucedió en el año 724, donde en Alemania se produjo un suceso, en Geismar cerca de Kassel, al cual  en los posteriores relatos históricos se le dio una significancia histórica importante. El enviado del papa y posterior santo eclesial Bonifacio, un cura misionero católico romano de Inglaterra, taló un inmenso roble dedicado a Donar, el dios nórdico del trueno y "protector de la humanidad". No porque necesitara leña, si no porque a las personas que aún tenían conocimientos sobre lo divino en la naturaleza, las quiso evangelizar y convencerlas de que nada sucedería si sencillamente se cortaba un árbol "santo" (comparar esto con la destrucción violenta del "árbol patrio" de la tribu Na' vi en Pandora, en la película Avatar).

Los germanos presentes sintieron en su interior el sacrilegio enorme que había cometido el hombre de Iglesia, que su familia ya había entregado siendo niño a los benedictinos para que estos le dieran una educación católica. Pero en su ingenuidad los germanos supusieron que el dios Thot no aceptaría sin más este sacrilegio y que lanzaría rayos y truenos a Bonifacio. Pero no hubo ninguna reacción directa, de modo que Bonifacio triunfó e hizo construir incluso una iglesia para el nuevo dios eclesial usando para ello la madera del roble sagrado.

Y así con el tiempo se siguió cortando sin piedad a los árboles, porque se negó que un árbol también puede sentir. Y se mató a cada vez más animales, ya que estos, según la enseñanza de la Iglesia, no tienen un alma inmortal como los seres humanos (según lo estableció el doctor de la Iglesia Tomás de Aquino), por lo cual en los países influenciados por la Iglesia legalmente se les considera como una "cosa" –lo que tuvo consecuencias terribles, por las cuales algún día las Iglesias y todos los que proceden en este sentido serán llamados a rendir cuentas.

En una canción infantil sobre Bonifacio, al que las dos grandes Iglesias en Alemania (la católica y la luterana) veneran como "apóstol de los alemanes", ya los mas pequeños, que muchas veces aún tienen una unión profunda con la naturaleza que los adultos, son conducidos al camino católico y evangélico. Para esto se les hace cantar:

"Fue el potente roble Donar, el roble sagrado dedicado a Dios, santo desde mucho tiempo. Pero Bonifacio amaba solo a Dios, nuestro Señor. Por esto no pueden existir dioses en un roble. Él tomo el hacha. Y el roble cayó con mucho estruendo. Asustados quedaron todos a su alrededor. Pero Bonifacio dijo: ¡No tengáis miedo! ¡Mirad! Ya no necesitáis dioses para el viento y el tiempo. Después de esto muchos se dejaron bautizar. Llegaban de todas partes. Todos se hicieron cristianos y fueron cada vez más en número. Y Bonifacio le agradeció al dios en que confiaba. Y entonces construyó una iglesia con la madera" (traducción libre de: Die Erde ist ein großer Tisch [la Tierra es una gran mesa], texto de Rolf Krenzer, Abakus-Schallplatten 1987).

¿Pero para qué una iglesia de madera? ¿Y para que posteriormente las innumerables iglesias de piedra? ¿Y por qué la tala de inmensas zonas boscosas, los pulmones verdes de la Tierra? ¿Por qué la destrucción creciente del planeta Tierra y de su sistema ecológico? ¿Por qué las bendiciones de los miembros de la Iglesia que se responsabilizan hoy de todo esto? ¿Y para qué todas estas bendiciones para innumerables crímenes en este planeta? ¿Qué dios se encuentra detrás de esto? ¿A dónde conduce a la humanidad y a toda la Creación el espíritu que estaba en el santo de la Iglesia Bonifacio? ¿Para qué las hostias, las custodias, los tabernáculos, para qué el agua bendita y las reliquias? ¿Y para qué los sacerdotes, obispos, cardenales, eminencias consejeros eclesiales, papas y similares? ¿Para qué los dogmas, los sacramentos, ceremonias, peregrinaciones, talares, altares, podios y muchas otras cosas más? Todo esto no lo quiso el Dios Creador. Y cada cual puede decidir a quién quiere seguir, ¿al Dios de la Creación o al dios de la Iglesia?

Pero no solo el santo Bonifacio aplicó el método de talar árboles. Ya el "santo" Martín de Tours hizo talar por los mismos motivos un roble en la Galia del siglo IV, para demostrar que la naturaleza no tiene alma y así también la sumisión de las fuerzas de la naturaleza al dios de la Iglesia, un dios que es solo una variante del dios "Baal" (Teólogo, N° 42). Y en honor de este "san" Martín, un enemigo de la naturaleza, hasta el día de hoy se sacrifica y masacra año tras año a cientos de miles de gansos, los llamados "gansos de san Martín".

También al reformador Jerónimo de Praga (aprox. 1365-1416), un precursor del protestantismo, que al final fue quemado por los católicos por ser un hereje, solo con mucho esfuerzo se le impidió talar un roble en Lituania. De esta manera el protestantismo pronto habría de superar al catolicismo en su desprecio de la naturaleza.

La moderna física de los cuantos demuestra que la enseñanza de la Iglesia es falsa, puesto que la ciencia asegura que no existe materia inanimada alguna, sino que todo se compone de cuantos que en parte se manifiestan en partículas y en parte en ondas. Los cuantos son entonces la unión entre el mundo espiritual y las formas en que se presenta la materia. Solo que estos "componentes básicos" de la Creación no son "inteligibles", sino que son una especie de energía espiritual, lo que en última instancia es la prueba de que el cosmos y todos los planetas en su esencia son un mundo espiritual, en el que la materia por último solo es una forma de representación de la consciencia humana. También se podría hablar de que ella es una "ilusión". Todo aquel que se hace consciente de que esa poderosa fuerza divina en todo lo que existe y se enfrenta a su mundo con respeto, intuye de que detrás de todo hay una verdad que está sepultada y que nuestros antepasados sí que conocían y que ahora quiere que los seres humanos la volvamos a desenterrar.

Pero esto solo es posible si de forma paralela se rompe el desastroso poder de las instituciones Iglesia sobre almas y hombres, p. ej. al no pagarse impuestos a la Iglesia ni tampoco otorgar subvenciones estatales. Así disminuirá el poder eclesia al nivel que le corresponde. Y muchas personas se darán también cuenta de que este poder no tiene nada que ver con Dios y Cristo, sino que en esas Iglesias solo se abusa de Jesús, el Cristo, y de Dios, al que Jesús representó.

 

El texto se puede citar como sigue:

Revista "Cristianos libres por el Cristo del Sermón de la Montaña", editor Dieter Potzel, edición Nº 1: Dios no vive en iglesias de piedra - Por esto salga usted de ella, usted no está solo, citado según www.theologe.de/dios_no_vive_en_iglesias_de_piedra.htm, redacción del 1.10.2015


 


 

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